Mario Campos

Mario Campos

Lunes, 14 Noviembre 2016 03:17

Hay mucha indignación pero poca planeación; mucha pose para el público pero poco trabajo real.

Viernes, 04 Noviembre 2016 03:09

Javier Duarte y Guillermo Padrés son hoy dos símbolos del desastre que es nuestro sistema político.

Lunes, 10 Octubre 2016 06:27

Los estados que ya andaban mal no mejoran y varios de los que no tenían problemas ahora se están descomponiendo.

Lunes, 12 Septiembre 2016 00:27

El tema merece atención, por un lado, porque puede ser que divida (todavía más) a una sociedad que ya tiene serios problemas.

Domingo, 28 Agosto 2016 16:16

El Presidente Enrique Peña Nieto llega al cuarto informe en el peor momento de su sexenio. 

Domingo, 14 Agosto 2016 15:26

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sospechas en #3de3

 

 

 

 

 

 

Mario Campos, 15 de agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

Las últimas semanas los mexicanos hemos visto desfilar múltiples declaraciones patrimoniales de políticos de todos los partidos. Desde Javier Duarte hasta Andrés Manuel López Obrador, pasando por Alejandra Barrales o Enrique Ochoa Reza, quienes han puesto a la vista de todos una relación de lo que dicen tener.

El problema es que esos documentos en vez de generar certezas han despertado más dudas y no pocos empiezan a dudar de la utilidad de este instrumento como una forma de combate a la corrupción.

A ellos, los que desconfían por razones obvias, habría que decir de entrada que el instrumento no supone que todo lo que se diga debe ser asumido de manera incondicional como si fuera la verdad. La presentación no está precedida de la inyección de un suero de la verdad ni pretende que se confiesen como si fuera el final de la Rosa de Guadalupe.

Los políticos, políticos son y nadie en principio debería suponer que por sí misma la declaración sea una evidencia de actos de corrupción o de malos manejos. En principio ninguno de estos personajes presentará algo con el fin de inmolarse. ¿Entonces de qué sirve?

Sirve, si entendemos que el ejercicio obliga a los actores a poner en la mesa un tema que hasta hace muy poco era un asunto privado. Los políticos por ley no están obligados a revelar su capital ni antes ni después de ejercer un cargo público, y si por ellos fuera, seguirían sin hacerlo. ¿Por qué lo hacen entonces? Porque el tema ya está inserto en la agenda social, política y mediática y eso es la primera buena noticia.

La segunda, que esos documentos pueden ser muy enriquecedores para la discusión si los entendemos no como el punto de llegada, sino como el punto de partida para la deliberación.

Que algunos políticos nos digan que son ricos en sí no debería ser problema, siempre y cuando nos expliquen cómo es que se hicieron de esas fortunas; que otros digan que no tienen propiedades, tampoco debería ser nota, salvo que su austeridad no corresponda con los ingresos que de manera pública han recibido a lo largo de su vida.

En otras palabras, el trabajo de periodistas, adversarios y sociedad civil no se acaba cuando alguien dice lo que tiene, sino apenas comienza. Es ahora, con la información que tenemos a la vista, cuando habrá que comprobar, contrastar, y en su caso, acreditar las mentiras de quienes ya han puesto el material para su revisión.

Las declaraciones públicas  -ya sean incompletas o maquilladas - son un avance que debemos celebrar y mantener. No vaya a ser que por no hacer el resto de la tarea, nos confundamos y demos incluso pasos atrás en lo que hoy ya hemos ganado.

 

 

 

Domingo, 31 Julio 2016 13:18

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres presidentes, tres retos

 

 

 

 

 

 

Mario Campos, 1 de agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

Ricardo Anaya (PAN), Alejandra Barrales (PRD) y Enrique Ochoa Reza (PRI) andan muy activos. No es para menos, los tres tienen que construir una opción para el 2018 en un momento en que lo único claro es... que no está claro quién ganará en la próxima elección presidencial.

Es cierto que los números pintan bien para Andrés Manuel López Obrador (Morena), puntero hoy en muchas encuestas. Pero también es evidente que después de las últimas elecciones estatales el PAN está de nuevo en el juego, que al PRI nunca se le debe dar por muerto gracias a su enorme voto duro y que el PRD bien puede jugar un papel importante si va con uno, con otro, o si va solo y le quita votos a otras alternativas.

¿Podrán estos dirigentes con los desafíos que tienen por delante?

El primero sin duda es mantener la unidad. Que Anaya logre mantener su ambigüedad de dirigente/candidato sin que se le fracture el partido; que Barrales pueda gobernar con las tribus y sus complejas agendas; y que Ochoa sea capaz de conducir el malestar dentro del PRI que hoy ve con buenos ojos la "rebeldía institucional" de Manlio Fabio Beltrones.

En segundo lugar, es claro que hay una lucha por hacerse de la bandera anticorrupción. Convertido en el tema del sexenio, al menos el PAN y el PRI parecen decididos a hacer suya esa causa dentro y fuera de sus partidos. La gran duda es si pueden hacer creíbles sus palabras.

¿Irán por los cuadros incómodos dentro de sus propios institutos?, ¿serán el reflector que muestre los escándalos de la casa de enfrente a pesar de tener a sus propios esqueletos en el clóset? ¿Y qué harán ante el creciente tema de la violencia en el país que va ganando espacios a pasos acelerados?

Y finalmente, los tres dirigentes tienen ante sí la batalla por hablarle primero a su base electoral, y después a los ciudadanos no partidistas, en especial a aquellos que sí les interesa la política pero que hoy no ven a los partidos como una opción seria de cambio sino lo contrario, como la causa de buena parte de los males que es necesario eliminar.

Mantener la unidad, encabezar la agenda ciudadana y ser el canal para la movilización social y electoral son los retos que marcarán las gestiones de los tres. Vamos a ver en las próximas semanas cómo los pueden resolver.