Viernes, 17 Febrero 2017 11:17

Trump cuenta con una gran estrategia, ¿la tendremos nosotros?

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Los alcances de la gran estrategia de Trump fueron esbozados con claridad en su discurso de toma de posesión Los alcances de la gran estrategia de Trump fueron esbozados con claridad en su discurso de toma de posesión Facebook Donald Trump

Por: Alexis Herrera

La construcción de un muro entre México y Estados Unidos —o, dicho de otro modo, la posibilidad de que Donald J. Trump haga realidad una de las tesis que lo llevó al poder— se ha convertido en una preocupación central del debate público en nuestro país. Sin embargo, poco se ha hecho hasta ahora por estudiar cuál es la visión estratégica que da sustento a las iniciativas de política exterior de Trump —en la posibilidad de explotar las contradicciones de esa visión se encuentran, creo, muchos de los márgenes de maniobra que México necesita para realizar una mejor defensa de su interés nacional en los próximos años.

Decir que un Estado cuenta con una gran estrategia es tanto como decir que sus dirigentes cuentan con un marco conceptual que les permite definir cuál debe ser el papel de su país en el mundo. En rigor, los alcances de la gran estrategia de Trump fueron esbozados con claridad en su discurso de toma de posesión del pasado 20 de enero y se reducen a un tema central: restaurar la grandeza de Estados Unidos; es decir, la lógica de ‘America First’ bajo la cual se busca poner fin a una dinámica global inequitativa que —a ojos del nuevo mandatario— ha debilitado estructuralmente los fundamentos de la prosperidad y la cohesión social de los Estados Unidos.

¿De qué modo pretende Trump articular esta visión en el marco de la gran estrategia de los Estados Unidos? Dos destacados estudiosos de la política exterior estadounidense —Hal Brands y Colin H. Kahl— ha publicado recientemente una aproximación a este tema, señalando que la visión de Trump es alimentada por la certeza de que Estados Unidos se enfrente a tres amenazas concretas: el islam “radical”, la migración, y la firma de acuerdos comerciales inequitativos. No es extraño, en este contexto, que además Trump conciba a China como la amenaza más importante a los intereses estadounidenses en la cuenca del Pacífico —no podía ser de otro modo con quien entiende todo intercambio comercial en una lógica de suma-cero.

Para confrontar estas amenazas, el gobierno de Trump ha adoptado cuatro pilares de política exterior: (1) nacionalismo económico, (2) seguridad interior “extrema”, (3) “transaccionalismo” amoral, y (4) militarismo “enérgico”. Desde luego, me es imposible resumir aquí el resto de los planteamientos de Brands y Kahl; me es suficiente señalar el hecho de que ambos analistas encuentran contradicciones insalvables en la aproximación estratégica de Trump y sus más cercanos colaboradores, especialmente porque la pretensión de restaurar la fortaleza de Estados Unidos parte de un supuesto equívoco: asumir que la seguridad de la primera potencia del mundo puede alcanzarse renunciando al liderazgo internacional que en las últimas siete décadas ha sido su mejor garante. Y es que la gran estrategia no es sólo un llamado a hacer frente a amenazas, sino a concebir el papel de un país en el mundo e influir —en la medida de sus posibilidades materiales, simbólicas e institucionales— en la definición de la arquitectura del orden mundial.

Pobremente concebida, la gran estrategia de Trump encuentra un obstáculo formidable en el hecho de que procede no del análisis riguroso de las grandes tendencias que están transformado la arquitectura del sistema internacional en el siglo XXI, sino de una visión del mundo que deriva de las preferencias ideológicas del presidente y su círculo de asesores más cercano —el cual ha excluido el respaldo analítico y conceptual de los profesionales que forman parte de la comunidad de seguridad nacional y política exterior de los Estados Unidos.

Por lo demás, la desorganización del aparato de seguridad y defensa de los Estados Unidos es hoy una realidad alarmante —las controversias que en los últimos días dejaron sin titular al Consejo de Seguridad Nacional de dicho país, en las que al parecer la intervención de Rusia tiene un papel central, dan cuenta de la gravedad de esta afirmación.

Con todo, Trump cuenta ya con una visión estratégica que le permite articular sus iniciativas frente al mundo. ¿Cuánto tiempo más debe esperar México para contar con la suya?

Alexis Herrera es analista en materia de seguridad internacional egresado de The Fletcher School, Tufts University. Actualmente se encuentra adscrito al Centro de Gran Estrategia en el Departamento de Estudios de Guerra de King´s College London. @alexis_herreram

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