Viernes, 17 Marzo 2017 14:51

Carta a una mujer que desea entrar en política

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El autor recibió el mensaje de una joven mujer que deseaba reflexionar sobre el desafío que supone hacer política en el mundo del siglo XXI El autor recibió el mensaje de una joven mujer que deseaba reflexionar sobre el desafío que supone hacer política en el mundo del siglo XXI Moisés Pablo / Cuartoscuro

Por: Alexis Herrera

El autor de estas líneas recibió hace un par de semanas el mensaje de una joven mujer que deseaba reflexionar sobre el desafío que supone hacer política en el mundo del siglo XXI. Presento aquí una aproximación a sus inquietudes por considerar que, como no podía ser de otro modo, el tema que a ella le interesa nos concierne a todos.

Querida amiga:

Me conmovió recibir esas líneas en las que señalas tu interés por considerar con seriedad la posibilidad de participar activamente en la vida política de nuestro país; especialmente porque México vive un momento histórico que reclama la participación de hombres y mujeres con una estatura moral y política muy distinta a la de quienes hasta ahora han estado al frente de sus asuntos públicos.

Quien entrega su vida a la política debe saber que hace un pacto con los poderes satánicos de este mundo —con esta afirmación Max Weber buscó destacar el hecho de que el medio central de la acción política es el ejercicio de la violencia. Ha pasado casi un siglo desde que Weber pronunció esas palabras, pero estimo que aún siguen siendo vigentes, especialmente porque buscan a poner a prueba el compromiso de quien desea involucrarse en la acción política: lejos de ofrecer la redención para los seres humanos, la política es la arena del conflicto; el lugar donde los grupos dirimen sus intereses, sus pasiones y sus proyectos de futuro. Es por eso que su tarea central es la de transformar el conflicto en un orden cosas perdurable, una comunidad política en la que la dominación del hombre por el hombre sea considerada como legítima —recuperar al Estado para los ciudadanos será, acaso, una de las tareas más formidables a las que te enfrentarás en el futuro.

Por lo demás, quien se entrega a la acción política lo hace a sabiendas de que es animado por una causa; un programa político para el futuro; un curso de acción destinado a cambiar las cosas. Nota que me refiero aquí a quien vive para la política y no a quien vive de ella. Parece natural pensar que, en un país en el que las mujeres son víctimas de la violencia en todas sus dimensiones, tu causa inmediata será la de la mujer mexicana y la búsqueda de la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres; acaso también será la del feminismo, especialmente cuando este revela su potencial para promover cambio profundos en las estructuras de poder y se niega a ser reducido a un estilo de vida destinado a complacer la buena conciencia de quienes viven en condiciones de privilegio.

Sea como sea, nadie podrá decirte cuál será en última instancia el dios o el demonio de tu causa, pero algo es claro: la responsabilidad frente al alcance de la acción política se mide en términos de sus consecuencias, no en el de nuestras intenciones. Y hay algo más: nuestro país todavía está a la espera de que quienes participen directamente en el ámbito de la acción política estén dispuestos a estudiar con seriedad el modo en el que los grandes problemas nacionales convergen con los desafíos de la gobernanza global y los cambios geopolíticos que han marcado la evolución del panorama internacional desde el inicio del siglo XXI. El ámbito de la política es, fundamentalmente, el ámbito de la acción; pero no hay acción política que pueda llegar a buen puerto sin un diagnóstico riguroso de la realidad.

Por último, queda el tema de la grandeza. Si la política se reduce a un mero ejercicio procedimental, como ha sucedido en los últimos años en nuestro país, tal vez resulte inapropiado hablar de ella; pero para la mujer o el hombre que aspira a influir definitivamente en el destino de su patria no es un tema menor. Ariel Rodríguez Kuri ha escrito ya sobre el déficit de honor de las elites de nuestro país; mientras que, por su parte, Diego Luna se ha visto obligado a señalar lo obvio en el marco de las últimas controversias con el gobierno de los Estados Unidos: que los mexicanos nos merecemos algo mejor a lo que hasta ahora hemos tenido. ¿Pero en qué consiste la verdadera grandeza política? Robert Faulkner ha buscado ensayar una respuesta: consiste aspirar a la conquista del poder político para traducirlo en logros perdurables en favor de una comunidad política concreta. Por eso la grandeza se alimenta de la imaginación política y del sentido de responsabilidad frente al futuro; son verdaderamente grandes, concluye Faulkner, quienes en momentos de necesidad son llamados a construir, defender o preservar una nación decente.

No, no se trata de la tesis deThomas Carlyle —autor de tantas hipérboles, como escribió alguna vez Ilán Semo— con relación al papel del héroe en la historia; sino al hecho de constatar que, en una sociedad corrompida como la nuestra, la vía de la renovación política se encuentra en la búsqueda de propósitos trascendentes. Grandeza no es, por cierto, sinónimo de éxito: el espléndido recuento de la vida de Maquiavelo realizado por Maurizio Viroli ofrece un testimonio de la trayectoria de un hombre que, pese a haber entendido los desafíos que acechaban a su patria en un momento de profundas transformaciones políticas, se revela en última instancia impotente frente a tales peligros.

He buscado, hasta ahora, interpretar en clave weberiana algunos de los retos que podría enfrentar quien, como tú, desea ingresar en la arena de la lucha política. Sólo me resta agregar que el ámbito del quehacer político también es el de la soledad; pues sólo la soledad le permite al dirigente político cobrar conciencia de la magnitud de los dilemas que son propios de la acción política. El espacio en el que dicha acción tiene lugar, escribió Octavio Paz hace ya poco más de siete décadas, no es el del paraíso, sino el de la historia: “el lugar de prueba de los hombres y las naciones”. Que una mujer como tú pueda apropiarse con valor y determinación de ese lugar para darle un nuevo sentido a la vida pública de un país en el que las mujeres son sistemáticamente silenciadas es, sin duda, uno de los desafíos centrales del siglo XXI.

Alexis Herrera es analista en materia de seguridad internacional egresado de The Fletcher School, Tufts University. Actualmente se encuentra adscrito al Centro de Gran Estrategia en el Departamento de Estudios de Guerra de King´s College London. @alexis_herreram

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