Lunes, 12 Septiembre 2016 00:27

Frente por la familia ¿un metapartido político?

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Marcha por la familia natural Marcha por la familia natural Rashide Frías / Cuartoscuro

¿Y qué diablos pasó este fin de semana en México? Que miles, cientos de miles según los organizadores, salieron a las calles para decir NO al matrimonio igualitario, NO a la adopción por parte de padres del mismo sexo y NO a lo que llaman la “ideología de género. ¿Por qué en este momento? Sin duda es uno de los grandes misterios de nuestro tiempo.

Primero, porque en los hechos los matrimonios entre hombres y entre mujeres ocurren desde hace tiempo en México, no solo en la realidad, sino en lo legal gracias a reformas locales y a una decisión de la Suprema Corte (en los últimos siete años se han celebrado 7 mil matrimonios gay tan sólo en la Ciudad de México); segundo, porque la iniciativa que mandó EPN - y que ha retomado el PRD en el Senado - parece que no tiene futuro. Los propios priistas le han hecho un vacío al decir que no es prioridad y no hay una sola evidencia que indique que desde el gobierno pretendan invertir su capital (escaso) en sacarla adelante; y tres, porque los temores a una educación sexual “inapropiada” no están basados en ninguna evidencia real, sino en meros rumores sobre un supuesto material que la SEP se ha encargado de negar una y otra vez.

¿Qué explica entonces este notable activismo de los grupos más conservadores? A ciencia cierta no lo sé. Porque en el fondo, lo que parecen ser demandas concretas tienen más la pinta de ser el pretexto de un movimiento político. ¿Será que lo que vimos el sábado es en el fondo una plataforma electoral de grupos conservadores? ¿un ensayo de lo que será un metapartido con anclas en el PAN pero también en otros grupos de corte conservador como Morena?

El tema merece atención, por un lado, porque puede ser que divida (todavía más) a una sociedad que ya tiene serios problemas, y porque resulta preocupante que diversos líderes religiosos encabecen marchas y utilicen su influencia para tratar de condicionar el apoyo a un actor o partido político en particular.

El tema es un desafío para un conjunto amplio de actores, para el gobierno federal porque ahora tiene un frente adicional; para el PRD, por ejemplo, es una oportunidad de reiterar su agenda; para el PRI, que siempre ha presumido de ser liberal, es un reto directo; e incluso para los sectores más abiertos del PAN, debería ser un tema de preocupación si lo que vimos el sábado se convierte en el brazo político de los grupos más tradicionales.Y claro, es una evidente amenaza para amplios sectores que piensan (pensamos) y viven de forma distinta a la que estos actores ven como la única aceptable.

Y por supuesto, el tema es también un reto para los medios de comunicación que deben, por un lado, explicar los motores y los personajes relevantes en este nuevo actor; y por el otro, tratar de construir puentes - y no polarizar más - para tratar de evitar una fractura social que algunos actores parecen especialmente interesados en promover, sin que esté claro con qué agenda la están buscando.

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