Viernes, 30 Septiembre 2016 06:10

El show del informe

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Eruviel Ávila y Enrique Peña Nieto Eruviel Ávila y Enrique Peña Nieto Isaac Esquivel / Cuartoscuro

Hace muchos años, cuando los dinosaurios mayoriteaban, el Informe de Gobierno servía para glorificar al presidente. Tras un besamanos y una marcha triunfal entraba con toda su gloria y gabinete ampliado a San Lázaro, daba un discurso insufrible y todos aplaudían hasta el paroxismo.

Eventualmente surgieron legisladores que buscaban romper el monólogo y alguno llegó a ponerse una máscara de puerquito. Y todo cambió cuando Carlos Medina Plasencia contestó el último informe de Ernesto Zedillo tan contundentemente que fue el inicio de la debacle tricolor en 2000. A partir de ahí las estrategias de comunicación procuran brincarse al Legislativo: nadie come lumbre.

¿Es el Informe un acto de rendición de cuentas? No: esa debería ser tarea cotidiana del Congreso. El objetivo es posicionar la agenda del Ejecutivo y de paso a su titular. ¿Pura mercadotecnia? Si no vigilamos, sí. Especialmente si el gobernante tiene aspiraciones a otro cargo. Ahora bien, uno puede ver el tamaño del gobernante según los riesgos que asume.

Estrategias como mesas de diálogo y Town Hall pueden servir si se planean bien, aunque son de bajo riesgo. ¿Valentía? Que el Ejecutivo fuera al órgano legislativo, escuchase a los grupos parlamentarios y permitiera que le hiciesen preguntas.

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