Lunes, 10 Octubre 2016 06:27

La espiral de violencia que nadie ve

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Funeral Funeral Ángel Hernández / Cuartoscuro

El país ha entrado en una peligrosa espiral de violencia. Me encantaría decir que solo es un tema de percepción, un efecto de la cobertura mediática a casos recientes de alto impacto. La evidencia muestra que no es así. La creciente sensación de inseguridad - medida entre otros por el INEGI - no es una (mala) ilusión sino el resultado de un incremento de la inseguridad real.

En ciudades como Chilpancingo en Guerrero, por ejemplo, los empresarios ya no saben qué hacer para lograr una buena respuesta de la autoridad pues pese a los recurrentes operativos, las extorsiones y los secuestros continúan. Y en lugares como San Miguel Allende en el usualmente tranquilo Guanajuato, la paz de la que gozaron por tantos años se les está yendo de las manos.

En resumen, los estados que ya andaban mal no mejoran y varios de los que no tenían problemas ahora se están descomponiendo.

¿Cómo entender este escenario? Seguro los expertos en crimen tendrían una explicación. Quizá una fragmentación de los grupos violentos o nuevas batallas por los territorios, ya nos dirán. Lo que sí puedo afirmar es que este clima coincide con una crisis política.

Una en la que buena parte de los encargados de la seguridad están más preocupados por su propio su futuro que por resolver los problemas de los ciudadanos. Desde el gobierno federal hasta los gobiernos locales, vemos a funcionarios que dedican más tiempo a la grilla y a la autopromoción que a la gestión de sus respectivos cargos.

A eso se suma que en no pocos estados los gobernadores salientes van perdiendo el poder cada minuto que pasa, sin que los nuevos hayan terminado de sentarse en las respectivas sillas. Y esta combinación resulta peligrosa.

Primero, porque hay vacíos de poder y éstos parece que están siendo llenados por el crimen; segundo, porque nadie quiere reconocer el problema y en su negación posponen cualquier posible solución real.

Y ante eso crecen las ocurrencias como las del Senador Preciado quien cree que ante la violencia que azota el país, necesitamos más armas y no menos. Propuesta absurda pero que encuentra tierra fértil ante una población que se siente cada vez más amenazada y vulnerable.

Tristemente hoy en México la violencia está ganando terreno, y lo peor, no se ve que haya alguien pensando y actuando para darle la vuelta a esta situación.

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