Martes, 01 Noviembre 2016 03:25

Ricardo Anaya dinamitó sus puentes en el PAN

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Ricardo Anaya Ricardo Anaya Rodolfo Angulo / Cuartoscuro

En algunos políticos, la ambición no parece tener límites. La nube en la que flotan ya lejos del piso, les hace perder contacto con la realidad. Deben pensar que son todo lo perfecto y maravillosos que su pequeño circulo cercano –que los mantiene en una burbuja- les dice que son; que su partido y sus espacios le pertenecen.

Eso le ocurre desde hace varios meses al presidente del PAN Ricardo Anaya, que ha construido una meteórica carrera y que se sueña y se ve en la boleta presidencial en 2018. Durante meses, se adueñó de los spots del PAN. Impuso su imagen y saturó los anuncios de Acción Nacional con su cara y su voz. Ha conseguido millones de horas tiempo aire, gratis. Está en campaña. Nadie lo duda. Él tampoco hace demasiado por ocultarlo. Todo parecía acomodársele, pero desde hace poco más de dos semanas, vive una revuelta interna alimentada por su ego y ambición.

El primer round fue cortesía del gobernador de Querétaro Francisco Domínguez, quien se ha empoderado dentro de los once mandatarios estatales que influirán en el PAN para elegir candidato. El queretano dijo que serán los gobernadores quienes terminarán decidiendo quién será el aspirante presidencial panista. No le falta razón. Los mandatarios estatales priistas fueron determinantes eligiendo a Peña Nieto en 2012; los panistas a Calderón en 2006.

El segundo botón de muestra fue cortesía de 18 conocidos panistas. Exgobernadores, exsecretarios de estado, senadores, entre otros, se pronunciaron contra Anaya.

La responsabilidad de dirigir a Acción Nacional es absolutamente incompatible con la pretensión de construir un proyecto político como aspirante a la Presidencia, porque quien debiera fungir como armonizador y árbitro de aspiraciones, se convierte en factor de tensión, inequidad y abuso de poder”, le escribieron, entre otros, los exmandatarios de Jalisco y Baja California, Alberto Cárdenas y José Guadalupe Osuna, respectivamente, los senadores Roberto Gil y Ernesto Cordero, y hasta su eximpulsor principal, Gustavo Madero. No pocos se adhirieron, empezando por el expresidente Felipe Calderón.

El tercero, fue más rudo todavía, y pasó por la ruptura inocultable entre Anaya y el poblano Rafael Moreno Valle quien perdió la vicecoordinación del grupo parlamentario que tenía uno de sus incondicionales, Eukid Castañeda, quien renunció -¿o lo renunciaron?-.

El presidente del PAN se ha encargado de dinamitar puentes y ha hecho aún más pequeño su círculo íntimo. Eso podría sumarle en aras de control e incondicionalidad, pero en definitiva le resta si aspira, ya no digamos a conducir al PAN en los comicios del próximo año –arropado por todos los liderazgos-, sino a convertirse en potencial candidato. Necesita sumar. Esta restando.

Si Margarita tiene carisma y Moreno Valle dinero, él, debe pensar, tiene un partido. Y parece decidido a usarlo.

La ambición lo gobierna.

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