Sábado, 05 Noviembre 2016 03:10

El día después

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Hannia Novell plantea distintos escenarios después del martes 8 de noviembre Hannia Novell plantea distintos escenarios después del martes 8 de noviembre Gage Skidmore

Lo que ocurra el 09N, el Día Después de las elecciones en Estados Unidos depende del resultado que arrojen las urnas. Yo vislumbro tres escenarios posibles.

Escenario 1. El bueno.

Hillary Clinton gana por un margen lo suficientemente sólido, es decir, muchos más de los 270 de los 538 votos del Colegio Electoral necesarios para ocupar la Oficina Oval. La diferencia es tal que se nulifica cualquier posibilidad de impugnación. Estados Unidos acepta el resultado. Trump hace rabietas pero al ser incapaz de demostrar un fraude, se queda solo. El Partido Republicano no lo acompaña en la aventura de desconocer los resultados, y sus huestes se quedan a la espera del llamado para incendiar el país. El empresario termina por aceptar el veredicto de las urnas y la nación más poderosa del mundo se declara lista para construir su futuro. Si Clinton es capaz o no de hacerlo, tendrá cuatro años para demostrarlo.

Escenario 2. El malo.

La exsecretaria de Estado gana, pero la diferencia es mínima. El republicano impugna los estados con los resultados más cerrados. Se repite lo ocurrido en el año 2000 en la elección que George W. Bush arrebató a Al Gore por lo ocurrido en Florida. Estados Unidos permanece en la incertidumbre durante varios días, que pueden ser semanas. El mundo se contagia de ese nerviosismo. Los mercados financieros internacionales caen, al igual que monedas. El peso que se desploma. Suena al fin del mundo, pero no. Se puede poner peor.

Escenario 3. Peor, imposible.

Sin importar que la diferencia sea mucha o poca, Trump se inconforma. Nadie puede llamarse engañado. Ya lo había advertido en el último debate: no aceptaría un resultado que no le fuera favorable. En México decimos: “esa película ya la vimos” (ahí te hablan, Andrés Manuel). Pero el magnate no llamaría a un plantón en Avenida Pennsylvania. No, eso es protesta Región 4. Él llama a sus huestes (la ultraderecha, los sectores más retrógradas, el Ku Klux Klan), a tomar las calles. La violencia se apodera de varias ciudades. Hay enfrentamientos. Policías tratan de calmar las protestas, pero la situación se desborda. Se disparan armas. Automóviles son incendiados. Reina el caos. Y Trump gana, aunque no haya ganado.

Añadiría un cuarto escenario. Ese ya no es un supuesto. Es el más real de todos. De hecho, ya se vive. Trump logró su objetivo: despertar a las fuerzas más oscuras e imponer el discurso del odio. Sus seguidores, transformados en una especie de fuerza “neonazi”, tratan de imponer “la ley y el orden”. “Su” ley y “su” orden que implica perseguir a indocumentados, realizar deportaciones masivas, destruir hogares, separar familias, construir muros, declarar guerras comerciales y militares. La libertad y la democracia quedan en entredicho. La nación se divide. El daño está hecho: gane o pierda, las políticas xenófobas, el racismo y la discriminación se respiran ya en el aire contaminado de Estados Unidos. El horror está ahí. Y llegó para quedarse.

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