Miércoles, 09 Noviembre 2016 05:58

Trump, repensar la democracia

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Donald Trump Donald Trump Gage Skidmore

Dice Borges que la democracia es una perversión estadística. Es una agregación de preferencias, de vetos y de exclusiones. Se vota y se esconde el lápiz con que se cruzó un nombre, una frase o un emblema en la boleta, nadie es responsable al final. Es la voz divina del pueblo, infalible. ¿De verdad? Hitler llegó al poder en un proceso democrático. También Chávez, Maduro, el payaso Berlusconi, y Trump.

El pueblo sabio en Gran Bretaña votó por abandonar la Unión Europea, dando un mazazo al orden institucional que ha permitido la paz y la prosperidad en el viejo continente. En la Hungría de Víctor Orban, el 90% vota por mantener la pureza racial y cultural de los magiares. En Alemania resucita el nazismo, especialmente en los Lander de la antigua RDA. Marine Le Pen podría ganar la primera vuelta de las elecciones francesas el próximo año. Daniel Ortega finca una dinastía familiar en Nicaragua con el 70% de la votación. En México hemos estado a una distancia infinitesimal de entronizar al demagogo del odio, el rencor, y la vulgaridad.

Desaparece la deliberación racional en el ágora griega, y se sustituye por simplificaciones groseras, insultos, amenazas y resentimientos empacados en mercadotecnia, que pulsan y activan las cuerdas de los más bajos instintos políticos en la población.

En un régimen presidencial, como el nuestro, y sin segunda vuelta electoral, un sicópata puede hacerse del poder, con una cuarta parte de los votos. Se antoja indispensable repensar a la democracia, no es infalible. Un régimen parlamentario que obligue a gobiernos de coalición, con segunda vuelta electoral mitigaría sus riesgos.

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