Sábado, 12 Noviembre 2016 03:00

Las lecciones del 09N

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Con discursos estridentes e ideas sencillas pero contundentes, le hablan al pueblo. Con discursos estridentes e ideas sencillas pero contundentes, le hablan al pueblo. Gage Skidmore

El mundo está en shock. No acaba de entender lo que ocurrió el pasado 9 de noviembre cuando Estados Unidos acudió a las urnas para elegir a su próximo presidente y optó por Donald Trump.

Ya mucho se ha escrito para tratar de entender las causas de esta decisión. Las conclusiones son simples: el magnate se lanzó contra el sistema, “despotricó” contra una política económica (de la que, por cierto, él mismo se ha beneficiado), y prometió dar oportunidades, empleos y un proyecto de vida a millones de estadunidenses que hoy están enojados y decepcionados.

El republicano fue eficaz al acusar a su contrincante demócrata, Hillary Clinton, de ser cómplice y a la vez beneficiaria de ese sistema político-económico. Las mujeres, las minorías, los jóvenes y los afroamericanos, grupos que -se supone-, apoyarían a la exsecretaria de Estado, al final le dieron la espalda. En su encuentro con las urnas, pesó más su hartazgo contra el establishment. Votaron con el hígado e hicieron eco al discurso del odio.

Hoy, el gobierno y la sociedad mexicanos debemos ser muy inteligentes para hacer frente a las amenazas del muro fronterizo, de las deportaciones masivas, de la separación de las familias, del discurso misógino, de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América Latina (TLCAN) y del proteccionismo.

Pero más allá de eso, debemos aprender la lección del 09N y vacunarnos de esa enfermedad que hoy contagió a la sociedad norteamericana. De ese virus que se disemina, muta y transmite en distintos puntos de América Latina y cuyo nombre es: populismo.

Lo mismo en Cuba que en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador o nuestro país, comienzan a proliferar líderes mesiánicos que prometen bienestar y dedican sus discursos a los excluidos, los ignorados, los resentidos, los perdedores.

Los convierten en carne de cañón de un ejército del que se autonombran comandantes y profetas. Los “rayitos de esperanza”, la alternativa ante un modelo económico fracasado.

Con discursos estridentes e ideas sencillas pero contundentes, le hablan al pueblo. Avivan el fuego del enojo, la frustración, el desencanto, la rabia, la nostalgia por un pasado mejor.

No podemos permitir nuestro propio secuestro en 2018, ni darnos el lujo de que se impongan el odio, las diferencias, la discriminación. Hay que cerrar el paso a esos líderes mesiánicos que le apuestan a la división, al resentimiento y al hartazgo. Así iniciaron regímenes del exterminio, "mejorar la raza, excluir, aplastar"... Tenemos que sumar, no dividir.

México está en posibilidad de marcar la diferencia y de evitar que seamos (como ya lo es Estados Unidos), una referencia mundial y un ejemplo más de esa larga noche de oscurantismo que se cierne sobre el planeta. Depende de nosotros aprender de esas lecciones e impedir que tropecemos con la misma piedra. Eso no lo merece México. No lo merecemos sus habitantes.

Una reflexión al margen: Lo que está no funciona, no nos gusta, el modelo, la forma de hacer política y los miles de políticos corruptos, eso es lo que debemos cambiar, pero no por un falso profeta.

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