Miércoles, 18 Enero 2017 03:01

2018, pulverización política o segunda vuelta electoral

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El poder difuso envuelve a los partidos políticos. La competencia leal o tramposa se desborda por todos lados El poder difuso envuelve a los partidos políticos. La competencia leal o tramposa se desborda por todos lados Cuartoscuro

Obviamente el control presidencial de aspirantes y candidaturas en el PRI es cosa del pasado, al igual que la potestad meta-constitucional del Presidente de la República de mantener bajo su puño a los gobernadores.

El costo es que ahora cometen latrocinios impensables y escapan cínicamente a la justicia, imponiendo un lacerante estigma sobre la moral nacional. El poder se atomiza, se dispersa. ¿Es lo que queríamos, no?

Suframos al federalismo mexicano real, no al imaginado en libros de texto. El poder difuso envuelve a los partidos políticos. La competencia leal o tramposa se desborda por todos lados, y se funde con el voluntarismo, el narcisismo y la ingenuidad; la disciplina partidaria es algo pretérito, de museo. Claro, excepto en el único partido que tiene un único propietario y candidato eterno, para eso lo creó, para escapar a la competencia. Fuera de este caso anómalo de exitoso caudillismo de aldea, ahora todos quieren ser candidatos a la presidencia; incluyendo a dirigentes de institutos políticos. Acaparan spots y reflectores ¿y por qué no? con la esperanza de lograrlo, o al menos para vender cara su declinación.

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En el PRI es muy probable que la selección del candidato abra brechas insalvables, y que el partido se fracture; a menos que prevalezca realismo y una conducción política talentosísimos, previa renuncia del Presidente de la República de imponer a su posible sucesor. Y hay todo tipo de aspirantes: el actual presidente, diputados, senadores, gobernadores, secretarios de Estado que acarician abiertamente la posibilidad, y un experimentado lobo de mar expresidente del PRI que seguramente intentará llegar ahora, su última oportunidad. Con toda probabilidad lo hará, primero por cauces institucionales, y en su defecto, a partir de un cálculo rupturista. Se atisba una tormenta.

En el PAN no es muy diferente; con una puntera, y dos candidatos más con ciertos alcances: el propio presidente del partido y el asertivo gobernador de Puebla.

El PRD no tiene, tristemente, a nadie más que a Mancera, hay resignación. Una candidatura más o menos exitosa es importante para dividir el voto de la izquierda y así evitar que lleguen al poder la demagogia y el populismo. Se le apoyará desde dentro y desde fuera del PRD. Veremos sorpresas y tal vez caballos negros en los partidos pequeños, que preferirán ir solos ahora para asegurar su registro, y las consecuentes prerrogativas. ¡Ah! también saltarán al escenario uno o dos candidatos independientes, y otro “indígena”, que testimonialmente, contribuirán a dispersar aún más el voto.

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Así, 2018 será un verdadero cubilete con al menos seis dados. La pulverización de la competencia llevará a un debilitamiento de los partidos grandes, a un déficit de legitimidad en la Presidencia de la República (el candidato ganador lo hará con menos del 25% del voto), y a un poder aún menos cohesionado. Este desenlace sólo podrá conjurarse si se logra hacer las reformas necesarias para establecer la segunda vuelta electoral presidencial, como en casi todas las democracias pluripartidistas.

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