Miércoles, 15 Marzo 2017 03:41

CDMX, Constitución impugnada

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Avezados abogados lo advirtieron; sería impugnada desde la izquierda, desde el centro y desde la derecha Avezados abogados lo advirtieron; sería impugnada desde la izquierda, desde el centro y desde la derecha Asamblea Constituyente / Cuartoscuro

No es ninguna derrota para Miguel Ángel Mancera la impugnación de la nueva Constitución CDMX. Es algo que era totalmente previsible, y parte de un proceso de equilibrio entre poderes y niveles de gobierno cuando se construye una nueva ley, más aún, cuando se trata de un nuevo estatuto fundamental de gobierno y convivencia social.

La impugnación es aún más explicable (y justificable) si se reconoce lo complejo del ejercicio de hechura de la Constitución; la enorme pluralidad política, los antagonismos ideológicos, la diversidad de intereses representados en la Asamblea Constituyente, y la particular visión de los redactores originales del proyecto. El resultado fue un texto abigarrado, muy retórico, lleno de preceptos “de vanguardia”, y que se debate y oscila entre extremos, por ejemplo, de monopolio gubernamental y participación privada, centralidad gubernativa y descentralización, prevalencia del síndrome NIMBY (Not in My Backyard) disfrazado de democracia participativa y racionalidad técnica del interés colectivo en la ciudad, paternalismo y tutelaje de gobierno y soberanía y autonomía individual, derechos y deberes, gasto gubernamental exacerbado y prudencia fiscal, delirante autodeterminación indígena (sí, hay “reservas indias” en la Constitución CDMX) y gobernanza coherente, privilegios para razas y linajes e igualdad de todos ante la ley, precedencia del poder local o de los poderes federales asentados ambos en la CDMX, etcétera.

Otro texto de Gabriel Quadri: Izquierda Suma Cero

También, la Constitución CDMX está recorrida por un aire de supremacía y rebelión localista frente al poder federal (imbuido por sus redactores originales), que hace a la Constitución CDMX tomarse atribuciones y libertades que bordean o rebasan lo posible de acuerdo a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Avezados abogados lo advirtieron; sería impugnada desde la izquierda, desde el centro y desde la derecha, aunque debía de concluirse y aprobarse el texto por un imperativo de dignidad política y de compromiso con la ciudad. Y sucedieron las dos cosas; se terminó y aprobó en tiempo y forma el texto constitucional, y se precipitó una avalancha de controversias jurídicas. Hay impugnaciones por parte de diversos actores y por diversas razones. Que si la prohibición a la participación privada en el servicio público de agua, que si la designación del Consejo de la Judicatura por parte de un Consejo Judicial Ciudadano, que si el uso medicinal de la mariguana, que si el Cabildo de la Ciudad es un nivel espurio de gobierno intermedio entre el Jefe de Gobierno y las Alcaldías, que si la revocación de mandato es inconstitucional, que si el carácter vinculante de las consultas públicas, entre otras cosas.

Tampoco se acaba el mundo constitucional para la CDMX con la catarata de impugnaciones, ni Mancera sale lastimado; al menos si se lo toma con serenidad y paciencia, y no como un agravio personal (lo que es aplicable también a Porfirio Muñoz Ledo). El procesamiento de las impugnaciones será un ejercicio verdaderamente interesante que pondrá a prueba nuestro sistema constitucional, y a través de una práctica heurística y de prueba y error, irá revelando la razón jurídica suprema, y decantando un texto más funcional y realista en beneficio de la ciudad. Lo más curioso y preocupante, que es el delirio colonial/indigenista de crear “reservaciones indias” en nuestra urbe – con autodeterminación y autonomía – que amenaza con fracturarla y balcanizarla no ha sido impugnado por nadie. Raro...

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