Sábado, 18 Marzo 2017 03:23

El nuevo modelo educativo: aprender a aprender

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El pasado lunes 13 de marzo, el Gobierno Federal presentó un nuevo modelo educativo El pasado lunes 13 de marzo, el Gobierno Federal presentó un nuevo modelo educativo Cuartoscuro

La jornada comienza a las 08:15 am y dura seis horas. Los alumnos tienen un profesor en jefe que los acompaña durante varios años y en distintas materias. No hay más de 20 estudiantes por sala. Esto garantiza que la atención sea personalizada y que exista una relación cercana entre profesores y educandos.

Los maestros saben que los estudiantes son personas, no máquinas de contenidos, “para eso están las computadoras”. El objetivo de los mentores es despertar el interés por aprender. Las calificaciones se entregan sólo al involucrado y siempre con la idea de generar retroalimentación. Está prohibido hacerle pensar que es un mal estudiante.

La educación la proporciona el Estado y es absolutamente gratuita. No existen las cuotas y ese es uno de los elementos que garantizan que no haya discriminación hacia nadie. El acceso es igualitario para todos los menores.

El magisterio es una de las carreras más prestigiadas y la sociedad le otorga un gran valor. Sólo llegan a ser profesores los mejores estudiantes de su generación y necesitan posgrado para poder enseñar.

Esos son algunos de los elementos del modelo educativo de Finlandia, considerado como uno de los mejores del planeta y que para países como el nuestro es aspiracional.

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El pasado lunes 13 de marzo, el Gobierno Federal presentó un nuevo modelo educativo que sustituye al que estuvo vigente durante los últimos 58 años y que tiene como pilar fundamental “aprender a aprender”.

No es la primera vez que algo así se pretende. Durante el sexenio de Luis Echeverría, el entonces secretario de Educación Pública, Víctor Bravo Ahuja, impulsó una reforma de contenidos para introducir la enseñanza por áreas en vez de materias y nuevas formas de manejar las matemáticas y la gramática, a través de la teoría de conjuntos y el estructuralismo lingüístico.

También entonces se dijo que la reforma tenía como propósito que los alumnos aprendieran a aprender y que no se limitaran a memorizar tablas de multiplicar o reglas gramaticales. El resultado fue una generación de estudiantes que no sabían multiplicar o escribir. Memorizar sí tenía sus ventajas.

La reforma educativa que impulsó Enrique Peña Nieto al inicio de su gestión era meramente administrativa y laboral. Por ello se concentró en un censo que buscaba establecer con precisión cuántos maestros había en el país, a qué se dedicaban y cuánto ganaban.

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Faltaba la otra parte, la que recién se anunció: la que da a las escuelas una mayor capacidad de decisión sobre sus programas y otorga una mayor importancia a la enseñanza del inglés.

El problema es el tiempo. Este gobierno está en su etapa final. En dos meses se deberán elaborar los planes de estudio y los nuevos libros de texto para que se pongan en marcha en el ciclo escolar 2017-2018.

Se tendrá que trabajar a contrareloj y a marchas forzadas, lo que limita la posibilidad de que se realice un trabajo de calidad. Lo más seguro es que en el nuevo sexenio se tengan que hacer nuevos ajustes.

Las reformas por sí solas no garantizan un cambio para mejorar. Y si México aspira a un modelo como el de Finlandia, el reto es formidable. No podemos seguir improvisando. Como padres de familia debemos comprometernos para hacer una alianza con los profesores e impulsar la enseñanza desde casa. Debemos aprender a enseñar para poder aprender a aprender.

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