Fernando Dworak
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Los testigos de Pejehová
Vie 02 Febrero 2018 06:28

Hay una expresión que se usa cada vez menos en política: “cargar al muerto”. Significa que si alguien le hace mal a otro, deberá tenerlo cerca y si es posible compensar el daño. Al contrario, si se deja al “muerto” en el camino, tarde o temprano cobrará venganza.

Esto viene a la mente con la nueva oleada de conversos al obradorismo: los expanistas que difunden la buena nueva de que Andrés Manuel aprendió de sus errores y busca la reconciliación nacional. ¿Por qué a ellos? Porque los azules acostumbran dejar una estela de cadáveres en el camino con cada cambio de dirigencia y en algunos casos es fácil seducirlos.

No es necesario acercarlos al primer círculo: basta con ofrecerles algo como una curul para que el converso predique el evangelio del cambio verdadero. Tampoco resulta indispensable que acepten lo que se les ofrece: tan sólo una muestra de buena voluntad basta para que el escéptico anuncie su duda.

¿A qué juega López Obrador? A minar la confianza del votante hacia el PAN: ¿puede ser opción de gobierno un partido donde no sólo sus dirigentes se pelean en público, sino que tampoco es cohesivo? Y aún no se designan candidatos…