Hannia Novell
Protesta
Los pecados capitales de México
Sáb 15 Abril 2017 01:25

México vive en pecado… y en pecado capital.

En los ámbitos de la política, los negocios, los sindicatos, la academia, la Iglesia y hasta en las organizaciones no gubernamentales, hay elementos que permiten personificar a perfección cada uno de esas faltas.

Aquí una pequeña muestra.

Soberbia

Andrés Manuel López Obrador va por su tercera candidatura presidencial y lo hace con los elementos que lo caracterizan: un lenguaje incendiario que polariza a la sociedad mexicana, a la que ha dividido en dos: el pueblo y  “la mafia del poder”. 

Para él, los ricos, “los de arriba”, “los pirrurris”, “los picudos” son sus enemigos porque son “los enemigos del pueblo”. Sin embargo, el principio de la austeridad republicana que pretende imitar del presidente Juárez, no se acompaña con hechos. 

Por ejemplo, los fideicomisos de los segundos pisos del Periférico construidos en su gestión como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se encuentran en la opacidad.  

Su palabra es ley porque es el “Mesías tropical”, “el rayito de esperanza” que vendrá a salvarnos. Por ello, el líder de Morena es la personificación más exacta del pecado capital de la soberbia, del exceso de estimación hacia sí mismo y por el que se cree superior a los demás. 

Avaricia

Luego de que el PRI perdió la Presidencia de la República, los gobernadores se transformaron en “virreyes” y comenzaron a gobernar sus entidades como feudos.

Vaciaron las arcas estatales y llevaron los recursos a sus cuentas personales. Adquirieron propiedades en México y el extranjero. Viajaban en aviones privados, junto con su familia y amigos, a resorts de todo el mundo. 

Crearon un guardarropas de diseñadores exclusivos. Comían en los sitios de moda. Lo peor es que lo hacían sin ningún pudor y presumían esos lujos en las redes sociales.

Hoy, los Duarte (Javier y César) y Roberto Borge, ex gobernadores del Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo, respectivamente -quienes fueran los ejemplos del “nuevo PRI”-, son la personificación del pecado capital de la avaricia.

Pereza

Y frente a esa nociva fauna política, está la omisión de las autoridades por encontrarlos.

¿Cómo explicar que Javier Duarte haya anunciado en una entrevista televisiva que solicitaría licencia al cargo, para luego desaparecer? ¿Cómo entender que logró escapar, primero del estado y luego del territorio nacional, sin la complicidad/complacencia de las autoridades encargadas de perseguirlo?

¿Cómo es posible que en un trabajo de inteligencia se haya logrado la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán y que no se logre dar con el paradero de Duarte de Ochoa?

La Procuraduría General de la República (PGR), las procuradurías y fiscalías estatales, la Comisión Nacional de Seguridad Pública, los jueces y, por desgracia, la gran mayoría de los encargados de procurar y administrar justicia en este país, son ejemplos del pecado de la pereza. 

Quiero pensar así y no lo peor: que son cómplices de quienes están obligados a perseguir.

Gula

El Palacio Legislativo de San Lázaro es “la casa del pueblo”, pero de eso solo tiene el nombre. 

En 2015, el presupuesto que recibió la Cámara de Diputados ascendió a 7 mil 812 millones de pesos. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) concluyó que, de esa cifra, mil 742 millones de pesos correspondientes a “subvenciones y otros conceptos relacionados con actividades legislativas”, no se lograron comprobar.

La razón: se ejercieron discrecionalmente sin que se pudiera garantizar que fueron destinados a trabajos legislativos.

Pero eso no es todo: la Cámara de Diputados tiene 100 comisiones, entre ordinarias y especiales. Es la tercera en el mundo. Cada uno de sus presidentes tiene un “bono” adicional y sus secretarios e integrantes disponen de vehículos, oficinas, viajes, secretarias, celulares, viáticos. 

El costo aproximado de las comisiones en el Congreso es de 716 millones de pesos al mes. Pero esos recursos no se reflejan en la productividad legislativa.

Por ello, nuestros senadores y diputados son ejemplo de la gula, de una gula de recursos que provienen de nuestros impuestos y que no necesariamente se traducen en mejores leyes. 

Envidia

Nuestra clase política es malagradecida. Por años y hasta décadas, pueden pertenecer a un partido. De él comen y bajo sus siglas pueden ser diputados locales, federales, senadores, alcaldes, gobernadores y secretarios de Estado.

Pero cuando no son considerados en el juego del trapecismo político, voltean con envidia hacia otros institutos. Y con una línea, como lo hizo el senador Miguel Barbosa, pueden poner fin a 23 años de carrera dentro de un partido como el PRD.

¿Lo hacen por convicción? ¿Porque el partido al que pertenecían traicionó sus principios? ¿Se van para desde otra trinchera dar un mejor servicio a sus representados? 

No nos engañemos, se van tras “el hueso”. Y para que ellos mismos sean vistos así: con envidia.

Lujuria

A los sacerdotes Marcial Maciel, Nicolás Aguilar, Gerardo Silvestre y Eduardo Córdova Bautista se les atribuyen más de 200 casos de pederastia, encubiertos por la propia Iglesia. 

Los nombres de los dos primeros fueron incluidos en el informe “Pederastia Clerical de Mexicanos en México y en otros países 1944-2013″, que fue entregado al Comité de Derechos del Niño de la ONU. 

El texto ofrece detalles de los abusos cometidos por Maciel y denuncia complicidad del Vaticano. Además, denuncia que el padre Aguilar cometió entre 90 y 120 abusos sexuales contra menores en México y Estados Unidos. Mientras que a Silvestre se le atribuyen al menos 45 abusos de niños indígenas en Oaxaca.

Ellos son los encargados de predicar la palabra de Dios con su ejemplo. Por ello, resulta imperdonable que sean quienes abusan de menores y se conviertan en la personificación de la lujuria.  

Ira

Después de ese retrato que describe negativamente a muchos de los principales sectores de nuestra sociedad, es absolutamente entendible que haya ira.

Nuestros representantes y gobernantes, escondidos detrás de sus escritorios, no se percatan de que hay razones más que sobradas para que el humor social se convierta en mal humor.

Incluso nos reclaman y nos dicen que la crisis solo existe en nuestras mentecitas enfermas. Le echan gasolina al fuego. 

Sin embargo, debemos ser inteligentes y transformar la ira en una exigencia permanente a legisladores y gobernantes para que cumplan con sus promesas de campaña.

Esa exigencia y la participación en la vida pública de todos y cada uno de nosotros, es y debe ser el mecanismo que permita desterrar paulatinamente esas faltas y evitar que México viva en pecado, y en pecado capital.