Manuel López San Martín
Miguel Ángel Mancera
Mancera y los costos de aumentar el transporte público
Mar 18 Abril 2017 06:41

No se paga a un gobernante para que dé gusto a todos, se elige para que gobierne, y hacerlo es tomar decisiones, muchas de ellas poco populares. Gobernar implica asumir costos. Eso implica que las políticas planteadas y ejecutadas no necesariamente serán las más aplaudidas, pero sí las necesarias, las responsables.

Esa es la disyuntiva entorno a lo que podría venir con las tarifas al transporte público en la CDMX. El estira y afloje no es nuevo.

De un lado, los concesionarios demandan que haya un incremento, desde que subieron los precios a las gasolinas a principios de año. No es descabellado: si los combustibles encarecieron su valor en más de 20%, también el transporte debería incrementar su tarifa. No es popular, pero sería entendible.

En la otra esquina está el gobierno capitalino que, a través de la secretaría de Movilidad, ha descartado un aumento generalizado al transporte, aunque dejó entrever la posibilidad de hacerlo en lo que toca a microbuses. En ese caso, continuaría el subsidio tal y como opera actualmente, en el Metro, metrobus, RTP, etc. La postura del gobierno de la CDMX es entendible: a un año de la elección y a meses de que Miguel Ángel Mancera pida licencia a la Jefatura de Gobierno para ir de lleno tras su aspiración presidencial, subir la tarifa no es ni popular ni estratégicamente óptimo.

El asunto es, ¿qué tanto resistirían las finanzas de los usuarios un aumento? ¿qué tanto aguantarán las de los concesionarios? ¿qué tanto pueden soportar las finanzas públicas? ¿qué tanto pesará el cálculo electoral en la definición?

Sin duda, uno de los pendientes más urgentes en la CDMX, porque toca la vida cotidiana de millones de personas cada día, es la movilidad. Durante décadas, el transporte público en la capital -con todas las aristas que el tema tiene- no se modernizó,  y los capitalinos nos acostumbramos a vivir en la anarquía de las calles.

Durante años, solo se colocaron parches, pero no se resolvió el caos. Al contrario, se dejó hacer y deshacer lo mismo a concesionarios que a taxistas piratas y la “estrategia” –si es que la hubo-, solo benefició a clientelas políticas y no antepuso al ciudadano.

Y sí, hoy la calidad del transporte pública todavía es penosa y, sin duda, representa un pendiente para la capital, pero en los últimos años –marcadamente con la nueva Ley de Movilidad y la transportación de la Setravi en Semovi- se trabaja con base en una estrategia.

De entrada, habrá que reconocer que, desde hace al menos un par de años, hay una ruta para tratar de cambiar las condiciones de movilidad en la capital. Ejemplos sobran: del endurecimiento al Hoy No Circula –que la SCJN echó atrás-, a un nuevo reglamento de tránsito, pasando por la regulación de Uber –la más favorable en todo el mundo- y la determinación de sacar de circulación 20 mil microbuses obsoletos.

De ser, pues, un asunto olvidado, la movilidad se ha convertido en uno de los ejes del gobierno. Pero, insisto, los pendientes, ahí siguen. Y no se trata solo de meter orden en el transporte público concesionado, tanto colectivo como individual (taxi). Ese solo debe ser el primer paso.

La Movilidad debe ser prioridad. No será fácil, pero es una agenda que a todos conviene. Y eso trae costos, tanto en la decisión, como en la ejecución. Quizá en el corto plazo sea difícil para el gobierno asumirlos, pero en el largo será un legado que pueden heredar a la capital.

La Ciudad no resistirá mucho más sin que el peatón se convierta en el eje de la movilidad y sea la prioridad de la políticas públicas en la materia. Menos segundos pisos, más espacios peatonales, ciclovías y carriles para transporte público.