Mario Campos
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PRI no gana con detención de Javier Duarte
Dom 16 Abril 2017 21:10

La caída de Javier Duarte es una buena noticia que debemos celebrar. Su legado como gobernante fue un desastre, su nivel de corrupción escandaloso - incluso en un país en el que parece que ya nada nos sorprende-  y sin duda alguna es mejor que está detenido a que siga en libertad. Sin embargo su detención es solo el punto de partida, no el de llegada. 

Porque lo que ahora sigue es su traslado a México, el juicio, su condena y en ello hay mucho en juego. Primero porque sería una tragedia que en los próximas semanas veamos que salga libre como muchos otros -Rodrigo Medina, por ejemplo - o que su proceso parezca entramparse como ha ocurrido en casos como el de Guillermo Padrés o Elba Esther Gordillo en los que hay mucho ruido mediático pero pocas certezas jurídicas. A Javier Duarte no lo queremos ver solo detenido sino procesado y condenado.

Y cuando eso suceda tampoco será suficiente. Porque nadie puede hacer lo que él hizo sin una enorme red de complicidades. Duarte hizo lo que quiso porque muchas personas voltearon para otro lado, desde funcionarios federales hasta poderes locales. Duarte fue lo que fue porque actuó como una pieza en un sistema creado para saquear, como vimos también en la Chihuahua de César Duarte o en el Quintana Roo de Roberto Borge. De ahí que el castigo tenga que ser al sistema para que se pueda desmantelar el modelo que permite los Duartes actuales y futuros, esos que todavía no conocemos ni queremos conocer.

¿Y quién ganará con todo esto? Sin duda no el PRI. Porque ya sea que estén libres o encarcelados, el tricolor sufre con cada uno de esos personajes que llegaron y salieron del poder bajo sus siglas. No nos equivoquemos, su captura no genera un borrón en la memoria de millones de mexicanos. 

Su aprehensión, sin duda importante y positiva, no hace que se olvide quién los postuló como candidatos, quién los cobijó como gobernantes y quién les permitió escapar.

Que Duarte esté detenido no hace que el PRI se aleje de la imagen de corrupción, al contrario, nos recuerda quiénes han sido algunos de sus cuadros y eso no hay forma de volverlo un activo electoral por más que intenten sacar provecho de su caída, ya sea la de Duarte o la de Tomás Yarrington, otro ejemplo de lo que ha sido la marca PRI.

Quienes crean que los intentos desde el gobierno y desde el PRI para sacar algo bueno de todo eso pueden funcionar ignoran el contexto actual de repudio a la gestión de la Presidencia, las recientes derrotas en estados que nunca habían perdido - Durango, Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo - y que hoy la agenda pública ya no se establece a fuerza de repetir un discurso desde las redes o los medios de comunicación. 

La corrupción se ha vuelto el sello de estos tiempos para el PRI y eso, se los aseguro, no hay captura que lo pueda cambiar.