Raymundo Riva Palacio

Nuevo periodo y poco margen para Peña Nieto

Dom 31 Enero 2016 13:13

Nuevo periodo y poco margen para Peña Nieto

Nuevo periodo y poco margen para Peña Nieto

Raymundo Riva Palacio, 1 de febrero de 2016

El sexenio del presidente Enrique Peña Nieto será un sexenio corto. Duró menos de tres años ante el colapso del Pacto por México, un gran acuerdo político que le permitió, durante 18 meses, negociar con los partidos de México la transformación del país. Nada menor, aunque el combustible se acabó por donde siempre se pierden los consensos: el pobre comportamiento económico. La conflictividad social derivada de las resistencias a las reformas y el desacuerdo entre las élites se agravó por la inseguridad y la percepción de corrupción.

El gobierno ha vivido de la inercia sin mucho más combustible para imponer los objetivos que tenían planeados para una segunda parte de la administración: la reforma a las normales y una ley de transgénicos. Una más, la autorización de casinos, está en el túnel de la incertidumbre porque no existe la confianza dentro del gobierno para alcanzar consensos con la oposición. La pregunta es ¿por qué existe una aspiración para alcanzar consensos todavía cuando no hay incentivos para que la oposición apoye al gobierno del presidente Peña Nieto? La fuerza del Presidente se agotó temprano en su sexenio. Durante el último trimestre de 2014 y todo el 2015, fue un gobierno a la defensiva sin poder tomar la iniciativa.

Salvó al gobierno y al PRI que en las elecciones federales de verano hubo un voto antisistémico generalizado que le quitó apoyo y votos a todos los partidos; el PRI, al tener una base territorial más amplia que sus adversarios, pudo mantenerse por encima del resto de los partidos pese a perder más votos que otros. Pero la mayoría en el Congreso no le da la fuerza para negociar como la tuvo durante el primer tercio de la administración, y tampoco se aprecia en el horizonte que en el resto de la legislatura vaya a cambiar la tendencia. El Presidente no ha podido sacar el mando único que propuso hace 16 meses, y difícilmente lo hará si no pacta con el PAN que a cambio de ella, desatore su respaldo a las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción. No hay posibilidades reales de forjar una nueva alianza legislativa con el PRD, que se revuelve internamente en busca de cohesión y una estrategia que le ayude a no ser borrado por Morena en los procesos electorales de este año, que de ser así será el preámbulo de su empequeñecimiento como la principal fuerza de izquierda del país.

El PRD ha sido muy consecuente con Peña Nieto y en la docilidad han perdido espacio frente al consistente discurso beligerante de Andrés Manuel López Obrador. A diferencia del PAN que tiene los espacios para entrar en negociaciones con el PRI quid pro quo, el PRD se encuentra en una ratonera que lo obliga a tomar decisiones más claras de alejamiento de Los Pinos. El Presidente y sus operadores no tienen mucho donde moverse. Su gran aliado, el Partido Verde, está muy lastimado en términos de imagen y electoralmente también se ha ido reduciendo –sin Manuel Velasco en Chiapas y la necesidad del PRI de colocar a sus miembros a contender por esa franquicia-, su peso electoral representaría un estado anémico. Nueva Alianza, que jugará por su sobrevivencia en mancuerna con el PRI, no le da el soporte necesario para que el Presidente pueda terminar cómodamente su mandato, como tampoco el Partido Encuentro Social, lo más cercano actualmente a un partido satélite del priismo. Solo le quedan al Presidente y el PRI las opciones de Morena y Movimiento Ciudadano. Con López Obrador habrá alianzas tácticas durante 2016 y 2017, al ser un opositor intransigente de candidaturas comunes, pero en el entendido que su estrategia no es ganar espacios territoriales en este momento, sino apuntalar su tercer candidatura presidencial.

Movimiento Ciudadano es la opción real que tiene el gobierno de Peña Nieto. Es un partido que creció en las últimas elecciones, con el combustible que le inyectó Enrique Alfaro en la alcaldía de Guadalajara, cuya victoria fue acompañada con 19 diputaciones. Con una estrategia de candidatos quirúrgicos –como en Nuevo León con Fernando Elizondo-, ganó nuevos adeptos para crecer electoralmente como nunca antes. Movimiento Ciudadano ha roto con López Obrador y en las condiciones en las que se encuentra el PRD, no habría razones objetivas de corto plazo para que jugaran con ese partido. Tampoco ha estado inclinado al PAN. Movimiento Ciudadano puede apoyar al PRI en las próximas elecciones estatales e incluso en la presidencial de 2018, pero no le dará tampoco para una coalición legislativa, donde la legitimidad de Peña Nieto y el PRI pasa por las alianzas con el PAN y el PRD, que solo podría tener si decide ceder más de lo que puede ganar. Quizás esa vía es lo único que les quede para navegar el resto del sexenio en lo que toca al gobierno.