¿A qué juega Ebrard?

Mario Campos nos habla sobre las recientes acusaciones en la campaña interna en Morena.

¿A qué juega Ebrard?
Marcelo Ebrard
FOTO: ROGELIO MORALES /CUARTOSCURO.COM

Esa es la pregunta que salta en estos días de mesa en mesa en cualquier comedero político. ¿A qué juega el excanciller cuando alza la voz y denuncia el uso de recursos públicos para la campaña interna de Claudia Sheinbaum en Morena? Las respuestas, con matices, pueden ser agrupadas en tres posibles escenarios:

La negociación interna. Lectura que supone que Ebrard sabe que no será candidato pero que tiene que ganar más dentro que fuera de Morena, lo que supone protestar solo para mejorar una posible negociación con el presidente López Obrador y eventualmente con el equipo ganador. ¿Qué ganaría en este caso? Quizá afianzar una posición en el siguiente sexenio para él y para los más cercanos, en un contexto en el que, a cambio de validar el proceso, pudiera garantizar cierta protección para los siguientes años.

La ruptura pactada. Teoría, popular por cierto, que afirma que se trata de un pleito pactado, una pelea simulada que terminará con Marcelo Ebrard en la boleta bajo el amparo de Movimiento Ciudadano, ¿qué gana con eso? Ebrard no mucho, sí el partido que tendría una figura atractiva y más el presidente, que vería cumplido su deseo de dividir a la oposición, en especial con un aspirante que pudiera resultar atractivo para las clases medias que hoy miran con mucho interés a Xóchitl Gálvez.

La ruptura real. Finalmente, existe una teoría que señala que lo que vemos ahora es solo el inicio de una futura ruptura, en la que Ebrard sabe que no habría piso parejo y que su futuro está mejor fuera que dentro de Morena. De ser así, Ebrard apostaría por ofrecer a la oposición la posibilidad de una ruptura real dentro de la base de Morena. ¿Qué ganaría el excanciller en este escenario? Asegurar un rol relevante en un eventual gobierno integrado por múltiples fuerzas políticas. Escenario que hoy se ve poco probable si consideramos que una ruptura real implicaría recibir toda la presión del gobierno actual, que ha mostrado con claridad, que está dispuesto a usar todos sus recursos en contra de quienes considera sus adversarios.

Con lo visto hasta ahora parecería que la opción más probable es la primera. El tono de confrontación no deja de ser calculado, y las palabras todavía permiten más reencuentro y no una inevitable ruptura. En todo caso, será en las siguientes tres semanas cuando se defina cuál de las alternativas imaginadas se habrá de convertir en una realidad.
@mariocampos