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León Trotsky: el ruso que desafió a Stalin hasta su muerte
Sáb 20 Julio 2019 11:03

León Trotsky, como se le conoció en México, fue siempre un revolucionario, un opositor al régimen, un intelectual y adversario, en primera instancia a la Rusia zarista y después al Stalinismo y todo lo que ello significaba. El legendario duelo entre Trotsky y Iósif Stalin nació en 1907, en la antesala de la revolución contra el zarismo y terminó en 1940, cuando Trotsky sucumbió ante un piolet y tres heridas que le arrebataron la vida. En esta nueva entrega de El Dato revisaremos la vida del idealista e intelectual, de aquel ruso que desafió el poder de Stalin.


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¿Por qué Trotsky?

Lev Davidovich Bronstein fue el nombre real de León Trotsky, un líder nato que lograba quórums del Partido Laborista en la antesala de la Revolución Rusa para derrocar el régimen zarista. Él, un político intelectual y revolucionario, que a través de su educación y su contacto con líderes socialistas logró influenciarse del marxismo y plantearse los modos de tomar el poder. Stalin, un hombre frío, con un pasado criminal y quien nunca logró congeniar con los socialdemócratas.

Junto con Vladímir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, Trotsky creó el marco ideológico de la Revolución Rusa de 1917, lo que lo convirtió en el “heredero legítimo” al control de la Unión Soviética, ahí nace la verdadera rivalidad con Stalin, quien estuvo dispuesto a todo por quedarse con los frutos de la Revolución Rusa. Con la muerte de Lenin, en 1924, y todo su poder, Iósif Stalin obligó a Trotsky a exiliarse hasta el final de sus días.

Vida en México, el lugar en donde encontró la muerte

Tras sus exilios en Turquía, Francia y Noruega, León Trotsky consigue refugiarse en México en 1937, tras la intervención del muralista Diego Rivera, miembro del Partido Comunista Mexicano (PMC), el entonces presidente Lázaro Cárdenas le permite refugio, bajo la única condición de proveerle un hogar. Sin dudarlo, la pintora Frida Kahlo le abrió las puertas de la “casa azul”, en Coyoacán, en donde se lograban reuniones con socialistas de la talla de Luis Buñuel, André Bretón y el mismo Rivera.

Entre 1937 y 1939, Trotsky vivió un romance con la activista política y pintora, mientras permanecía casado con Natalia Sedova. Tras ser descubierto su romance, el revolucionario ruso se mudó a otra casa, ubicada en calle Viena, en Coyoacán, que más tarde se convertiría en museo. Con un cerco de seguridad proporcionado por el gobierno, la nueva casa de Trotsky se convirtió en el escenario de dos atentados en su contra: el primero orquestado por David Alfaro Siqueiros, quien el 24 de mayo de 1940, burló la seguridad, entró a su habitación y disparó, según versiones se trató de una consigna de Stalin. La amenaza rusa, había vuelto a su vida y no pararía hasta lograr su objetivo: asesinarlo.


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Su muerte

Stalin consideraba a Trotsky una amenaza para la revolución, siempre en pugna por tener personalidades abismalmente distintas, mientras Trotsky fue un intelectual de familia aristócrata, Stalin era un frío mandatario que sacrificó a miles con tal de preservar el poder. El fin de aquel duelo a muerte llegó aquel 20 de agosto de 1940, cuando un hombre se hizo pasar por un periodista belga, ingresó al domicilio de Trotsky y estando a solas, a solo unos pasos de él le atacó con un piolet, dejándole tres heridas: una en la cabeza, otra en la clavícula derecha y otra más en una pierna.

Tras el ataque Trotsky fue trasladado a un hospital, en donde perdió la vida el 21 de agosto a las 19:45 horas, con su muerte, Stalin había alcanzado el objetivo que tuvo casi 30 años atrás, eliminar a su principal enemigo político.

El asesino

Hasta ahora se conoce que Ramón Mercader del Río era el verdadero nombre del homicida de León Trotsky, pero su nombre oscilaba entre Frank Jackson y Jacques Mornard. Quien pasó 19 años, 9 meses y 17 días en una prisión mexicana, tras cumplir su condena, Mercader fue expulsado del país.

El diario El País informó que el 20 de octubre de 1978, 38 años después de arrebatarle la vida a Trotsky, falleció en Cuba, víctima de cáncer. En su féretro portó una “estrella de oro”, condecoración concedida al ser considerado uno de los “héroes nacionales de la Unión Soviética”.

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