Presidencial
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Declinar candidatura es igual a tirar votos, según la ley

Jue 03 Mayo 2018 21:07

Buena parte de la conversación política y de la contienda presidencial de los últimos días gira en torno a la idea de que un candidato decline en favor de otro. Todo es posible pero en el entramado legal donde se sustenta nuestro proceso electoral una decisión así es, por decir lo menos, inútil o si se quiere ser más gráfico, un auténtico suicidio político. Aunque en la historia hay grandes momentos que giraron en torno a una determinación así, hoy en día es tirar votos a la basura.

Por principio de cuentas la figura de "declinación" no existe en la legislación electoral; el candidato que lo decida y lo anuncie, lo que hace formalmente es renunciar a la contienda. Además hay que tomar en cuenta los tiempos: si ocurriera en estas horas, ello no representa legalmente una alianza formal con el partido o la coalición por la que se muestra apoyo; la fecha límite para el registro de coaliciones fue el 14 de diciembre de 2017

Lo que sí existe, según el artículo 241 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (Legipe), es que si un candidato renuncia antes del próximo 1º de junio — es decir, 30 días naturales antes de la elección—, el partido o la coalición que lo postularon tienen la posibilidad de registrar a otra persona como abanderado y garantizar que aparezca en la boleta.


Precisamente ese factor está a la vuelta de la esquina: este lunes 6 de mayo empieza la impresión de más de 80 millones de boletas para la elección presidencial. Así que una vez que estén listas ya no se podrían modificar, aunque hubiera sustituciones. Si la sustitución de un candidato ocurre luego de ese día, los votos para el aspirante anterior contarían para el sustituto según el artículo 267 de la Legipe pero como ya se dijo, solo podría ser alguien postulado por la misma coalición o partido del “declinante”.


La conclusión es casi inevitable: hoy en día la declinación de un candidato a favor de otro solo es de carácter mediático. Por supuesto que se peca de “ingenuo” esperar que el total de personas que apoyan al aspirante que declina, opten por votar por el postulante por el cual se declinó.

Es así que quedan para la historia grandes momentos de “declinación” donde la ley electoral era diferente, la coyuntura tal vez irrepetible y por lo mismo no se puede ver el momento de hoy con los cristales de ayer:

- 1988: El candidato presidencial del Partido Mexicano Socialista (PMS), Heberto Castillo, declinó a favor del abanderado del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas.

- 2000: El candidato presidencial del PARM, Porfirio Muñoz Ledo, declinó a favor del candidato del PAN, Vicente Fox.

- 2017, Estado de México: Óscar González Yáñez, candidato del PT a la gubernatura mexiquense declinó a favor de la candidata de Morena, Delfina Gómez. Pero las boletas ya estaban impresas y obtuvo 1.08% de sufragios.


Habrá que reflexionar en el juego propagandístico y político que significa lanzar “el anzuelo” de una “declinación”; es tanto o más interesante la respuesta a ese planteamiento, tanto de los propios aspirantes como de sus respectivas estructuras. El tipo de respuesta y su intensidad nos explica mucho más del nerviosismo, tensión e incertidumbre que se vive al interior de cada “cuarto de guerra” en esta contienda.

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