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López Obrador vs empresarios: quién gana y quién pierde

Jue 03 Mayo 2018 19:23

Hasta donde se ha visto y escuchado, no es exagerado decir que Andrés Manuel López Obrador y la parte más alta del empresariado mexicano “rompieron lanzas”. La tensa cordialidad que privó durante prácticamente los primeros 30 días de las campañas presidencial desapareció y dio paso a señalamientos y recriminaciones que casi nos devuelven a los peores días de la campaña de 2006. Es así que ganan los radicales de uno y otro bando, pierde la contienda de ideas y propuestas, y se disipa el ambiente de tranquilidad electoral.

¿Dónde empezó el actual conflicto?, es complicado establecerlo a ciencia cierta si recordamos que desde el inicio de la misma contienda el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” se mostraba contenido y en actitud prudente al no acusar a grupos empresariales de supuestamente beneficiarse con buena parte de las reformas estructurales. Del otro lado la tolerancia era más que evidente y había expectación por saber si este “López Obrador conciliador” era real.

Es así que a trompicones se cruzó, por ejemplo, el episodio del Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (NAICM). Ante la postura “cerrada y amenazadora” de que se cancelaría, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) planteó una serie de mesas de trabajo donde López Obrador “tenía mano”, hasta que decidieron cancelar los encuentros porque el abanderado de Morena reiteró públicamente que de lograr el triunfo, cancelará el proyecto.


Seguramente hay quien también “apretó puños” y “miró hacia el cielo”, cuando de manera reiterada Andrés Manuel asegura que echará atrás la reforma educativa y someterá a revisión los contratos generados a raíz de la reforma energética; de manera creciente distintas cámaras y grupos respaldaron las reformas estructurales, entre ellos Citigroup, el cual llamó a que continúen porque cancelarlas tendría un impacto negativo.


Tal vez la gota que derramó el vaso fue la controversia por la posible declinación de uno de los candidatos. Esta semana, López Obrador aseguró que el panista Ricardo Anaya pidió a un grupo de empresarios que interceda ante el presidente Enrique Peña Nieto para que apoyara su candidatura y no la de José Antonio Meade.


Sin citar fuentes, el tabasqueño mencionó nombres que integran buena parte del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), grupo que forma parte del Consejo Coordinador Empresarial. A la mañana siguiente en un desplegado publicado en todos los diarios, el Consejo se expresó sin cortapisa alguna; aquí algunas frases:

- ”Condenamos que un candidato a la Presidencia de la República recurra a ataques personales y a descalificaciones infundadas”. 

- ”Es preocupante que alguien que aspira a ser presidente de México denoste a quienes no comparten sus ideas”.

- "Las condiciones de confianza y certeza jurídica son fundamentales para preservar y promover el ahorro, la inversión, el crecimiento económico y el empleo".

- “La confianza se cultiva. No se dicta ni se obliga”.

- ”Exigimos respeto. No es denigrando ni calumniando como se establece y fortalece una relación constructiva y de confianza con el sector productivo y empresarial de México…”.


Horas después, en el marco de su participación en la 59 Semana Nacional de Radio y Televisión, López Obrador no “arrió las velas”: señaló que el CMN se opone a que haya un cambio de régimen en el país, y por eso, subrayó, “han colaborado en fraudes electorales”.


Nadie parece hablarle al oído al candidato y decirle que los 15 o 20 puntos de ventaja que tiene en las preferencias del voto se pueden perder en las siguientes dos semanas y ya no recuperarse; que la imagen “conciliadora y de apertura” construida día a día, semana tras semana, por todo su equipo se puede desmoronar como un castillo de naipes y difícilmente volverse a erigir. Todo el esfuerzo de sus miles y miles de simpatizantes a lo largo y ancho del país para buscar nuevos simpatizantes puede diluirse en solo unos días.

Los puentes que Alfonso Romo y Tatiana Clouthier tendieron también están a punto de cancelarse; de nada habrán servido todas las horas invertidas en reuniones y ante los medios para convencer de que ahora las cosas serán diferentes.


Si nos ponemos en el plano especulativo, alguien parece haber caído “sin querer” en la trampa de volverse a pelear con los empresarios y no entender que esa fue una de las claves de la dos derrotas anteriores; quién se percate de ello dentro del “cuarto de guerra” morenista podría salvar “el barco” ante el iceberg que se asoma.