Presidencial
Gil marcha our lives

Primavera norteamericana

Mié 28 Marzo 2018 04:00

Por: Roberto Gil Zuarth

Parece que se aproxima una nueva primavera política

No es nostalgia de los sucesos del 68 en Paris, Praga o Tlatelolco. Tampoco tiene la atracción global de las que, desde las redes sociales, desafiaron a los regímenes autoritarios de Medio Oriente entre el 2000 y el 2012. 

Desde Estados Unidos -el país de la aburrida normalidad hasta la elección de Trump- surge una nueva causa que gana poco a poco la conciencia de las plazas. Cientos de miles de estudiantes se ponen de acuerdo por Facebook, Twitter e Instagram para cambiar el curso de las cosas. No combaten el capitalismo, el comunismo, las formas autoritarias de gobierno o los saldos de la crisis financiera global de 2008. Promueven una agenda mínima: el derecho individual a no sentirse vulnerable en sus propias escuelas, a vivir sin temor a un balazo por la espalda, a recuperar la confianza en los otros. Es la demanda de sensatez frente a la contracultura armamentista: otra regulación, más estricta, inteligente y eficaz para reducir la altísima disponibilidad de armas en su país. 

#MarchForOurLives es el nombre del movimiento. Inició unos días después de la matanza en Parkland, Florida. 17 jóvenes asesinados y otros tantos heridos por un excompañero armado con un rifle semiautomático que compró legalmente meses atrás. Huérfano de 19 años, sin domicilio, tutores, educación y trabajo estables, pudo adquirir fácilmente la potente arma homicida. Un joven fuera de la órbita de atención del Estado o de la sociedad, pero eso sí, con el derecho incuestionable de poseer un rifle de asalto. 

Nuestro país es de los principales afectados de este irracional régimen legal de venta de armas. Se calcula que anualmente entran al país alrededor de 213 mil armas: el 70% fueron adquiridas legalmente a un vendedor con licencia en Estados Unidos. Desde 2004, año en el que expiró la prohibición de venta de armas de asalto, la exportación ilegal hacia México ha crecido notablemente y es causa eficiente de la crisis de violencia que padecemos. Sí, no es la susodicha guerra contra las drogas lo que explica esta epidemia de homicidios, sino la enorme oferta de armas en manos de las nuevas formas de crimen organizado. 

Esos jóvenes pueden sacudir la insensatez si la denuncia de hoy se convierte en una mayoría social. Es decir, si fijan como prioridad el cambio regulatorio y salen a votar. Nada vendría mejor a México que la primavera estadounidense tuviera éxito. En buena medida, de ese cambio estacional depende de que sigamos sufriendo el cruel e inclemente invierno de la violencia

Abogado