Presidencial
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Foto:Cuartoscuro Qué es y cómo debe ser la transición después del 1 de julio
Mar 19 Junio 2018 19:18

Tarde que temprano se tendrá que hablar de la transición sexenal, es decir, al amanecer del lunes de 2 julio cuando los mexicanos conozcamos quién es el virtual presidente electo. Por ahora solo un implicado ha hablado al respecto. La transición del gobierno en México antes no generaba interés pues era entre dos grupos de burócratas pero del mismo partido; a partir del 2000 surgen las tensiones propias por la alternancia política. Se ha criticado que es de las más largas en el mundo y de las más costosas, por lo que se le somete a un escrutinio severo de transparencia, además de que asistimos a un fin de época también en ese sentido.

La transición de cinco meses, en números redondos, se fijó desde la Constitución de 1857. A partir de 1917, algunos lapsos fueron modificados por hechos de violencia, como los magnicidios de Venustiano Carranza y Álvaro Obregón; sin embargo desde 1924 prácticamente todos los mandatarios electos han tenido disponibles esos 150 días.

Como en otros rubros, esto vuelve atípico al sistema político mexicano. En naciones como  Argentina, Ecuador, Perú, Panamá y Honduras dedican menos de dos meses a ese proceso. Ya ni qué decir en casos como Francia y España, donde los relevos se realizaron de manera inmediata al confirmarse al ganador de la elección o al ser destituido el presidente en turno por el Congreso.


Para el intercambio que viene, como en los dos procesos anteriores, ya hay recursos etiquetados con el fin de garantizar un cambio de sexenio ordenado, que dé continuidad a los programas y tareas oficiales. Ironías de nuestra dinámica institucional y política, correspondió al entonces titular de la Secretaría de  Hacienda y Crédito Público (SHCP), José Antonio Meade, determinar que están destinados a ese fin 150 millones de pesos; se cubren a través de un fondo especial, aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF).

En su momento, Isaac Gamboa, titular de la Unidad de Política y Control Presupuestario de la SHCP, recordó que esto no significa que necesariamente todos los recursos deben ser gastados. En la transición sexenal de 2012, a la llegada de Enrique Peña Nieto y su equipo, se ejerció menos de un tercio de los 150 millones de pesos presupuestados. La “lupa” en los recursos se ubica a través de las Leyes Federales de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria y la de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.


En rigor, salvo las disposiciones de la Ley Federal de Responsabilidades de Funcionarios Públicos en la entrega-recepción de dependencias públicas, no hay un método o “ruta crítica” para llevarlo a cabo salvo la voluntad política de las partes involucradas. Expertos y columnistas políticos han hablado de algunas prioridades que deben tomarse en cuenta en la actual coyuntura.

Revisemos algunos de los punto que planteó en su momento Alejandro Hope en el diario El Universal:

- Establecer lo más rápido posible un equipo de transición, así sea informal en las primeras semanas, mientras el Tribunal Electoral termina de calificar la elección, con un responsable único en materia de seguridad, que entre en contacto con las dependencias del sector-

- Entrar en contacto y establecer mesas de trabajo con los gobernadores. En particular, se deberían de privilegiar inicialmente los contactos con los gobernadores de entidades federativas donde subsisten operativos federales y donde habrá una transición en el gobierno estatal.

- Establecer vínculos con la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. En este tema, es mejor para todas las partes que nadie se llame a engaño y que el equipo entrante sepa al momento de asumir el gobierno donde está la agenda real con los vecinos. Esto probablemente obligue a varios viajes a Washington durante la transición.


Pascal Beltrán del Río, en el periódico Excélsior, puso sobre la mesa algunos cuestionamientos:

- El de este año podría resultar problemático en caso de que los mercados reaccionen negativamente al resultado de las elecciones.

- ¿Qué pasaría si, por ejemplo, los movimientos de capital y otras operaciones financieras tumban el valor de la moneda mexicana una vez que se den a conocer las tendencias de la elección presidencial?

- ¿Quién tomaría el control de la situación en un caso así? ¿En qué voz confiarían los mercados para no actuar en pánico, en la del gobierno saliente o en el equipo del candidato ganador?


Quien ya marcó su “hoja de ruta” al respecto fue ni más ni menos que Andrés Manuel López Obrador, en su vertiente conciliadora y en búsqueda de la unidad. El 2 de junio pasado al término de un mitin en Valle de Santiago, Guanajuato, afirmó que es necesario respaldar al presidente Enrique Peña Nieto hasta el último día de su gobierno, para que no haya sobresaltos ni “dualidad de poderes” durante la transición.

“Segundo, que se respete la política económica, que haya equilibrios macroeconómicos, que se mantenga la autonomía del Banco de México y que transcurra así todo el periodo de transición, y que ante agresiones del extranjero haya unidad, es decir, que no se permita que se vapulee al gobierno de México”, indicó el tabasqueño.


Lo que pocos ubican es la particularidad de este periodo de julio a diciembre. Es la última transición que durará 5 meses y que llevará al ganador a tomar posesión formal hasta el 1 de diciembre; de acuerdo con la reforma electoral de 2014, el próximo “sexenio” solo durará 5 años y 10 meses, para que este periodo intermedio se reduzca a 90 días, al dejar el cargo el 30 de septiembre de 2024 y el siguiente presidente asuma el 1 de octubre. Un tema que merece su propio análisis.

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