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Tapado y dedazo, dos máximas del PRI que rodean 2018

Mar 07 Noviembre 2017 19:15

Tapado y dedazo son dos términos de la jerga política mexicana en desuso, tal vez más por decoro y corrección. Pero una breve revisión de la historia sexenal de los presidentes priistas nos trae asombrosas coincidencias con los tiempos actuales: varios aspirantes, indefiniciones, mensajes cifrados, pasarelas y el regodeo periodístico-mediático.

Entendiendo al tapado como el candidato presidencial siguiente que se “oculta” entre el gabinete o el círculo político más cercano al mandatario en turno, y que se anuncia prácticamente en el momento final del plazo legal. El acto final de designarlo, nunca de manera pública sino en la total secrecía, es el llamado “dedazo”.

En años recientes  las referencias clave para conocer cómo fueron estos eventos son el libro de Jorge Castañeda “La herencia: arqueología de la sucesión presidencial en México”, publicado en 1999, así como reseñas y ensayos publicados en el diario Excélsior. Muchos coinciden: solo los protagonistas y su círculo más cercano saben a final de cuentas qué aspectos y condiciones se privilegian para la decisión final que es irreversible.

caricatura de Miguel Aleman con tapado

Al paso de las décadas, y con el resultado inmediato, se define una sencilla pero no menos eficaz “tipología” del dedazo, la cual también se presta a discusión:

- La decisión a favor de Echeverría, De la Madrid y Zedillo fue “por descarte”: no les quedó de otra a los presidentes que los eligieron. 

- Díaz Ordaz, López Portillo, Salinas y Colosio habrían sido “por designio”: los presidentes los fueron construyendo con antelación.

- Hay quienes indican que solo en tres casos se advierte claramente el triunfo absoluto de las preferencias presidenciales: López Mateos a favor de Díaz Ordaz, de la Madrid hacia Salinas de Gortari y Ruiz Cortines a favor de López Mateos.

Ruiz Cortines con Adolfo Lopez Mateos

Precisamente de Adolfo López Mateos se habla en estas fechas como el más claro ejemplo del “tapado”; para mediados de los años 50 todos conocían a los más cercanos al presidente Ruiz Cortines: Ángel Carbajal, secretario de Gobernación; el nayarita Gilberto Flores Muñoz, secretario de Agricultura, y el neoleonés Ignacio Morones Prieto, secretario de Salud. En la mira también estaba el regente Ernesto P. Uruchurtu, José López Lira, secretario del Patrimonio Nacional, y Antonio Carrillo Flores, secretario de Hacienda.

Presidente Adolfo Lopez Mateos

Otra de las características de esta “liturgia priista” es que no siempre los cercanos, leales o fieles al presidente ganan la designación. Basta una cauda de nombres del pasado lejano y reciente para entenderlo: 

- Si Lázaro Cárdenas hubiere tenido el suficiente espacio de maniobra, su decisión hubiere favorecido a su amigo Francisco J. Mújica y no a Manuel Ávila Camacho.

- A Miguel Alemán la prematura muerte de Gabriel Ramos Millán lo dejó sin segunda opción, y tuvo que resolver con alguien distinto y distante como Adolfo Ruiz Cortines.

- Las crónicas refieren que Gustavo Díaz Ordaz sentía más afinidad por Alfonso Corona del Rosal y mayor amistad por Emilio Martínez Manatou, que la que pudo haber sentido por Luis Echeverría.

- Carlos Salinas de Gortari logra que la candidatura recaiga en su preferido, Luis Donaldo Colosio. Pero su asesinato complica todo y más que los tiempos constitucionales no le permitieron decantarse por Pedro Aspe.

- Ernesto Zedillo hubiera deseado que la candidatura fuera para Guillermo Ortiz o José Ángel Gurría. Pero los priistas se rebelaron e impusieron “candados” irreversibles.

Gustavo Diaz Ordaz y Luis Echeverria


Otra de las referencias es el juego de “seducción”, mensajes cifrados y “falsos positivos”;  los prospectos tienden a engañar al primer priista del país, haciéndose pasar como los más leales, eficaces o inteligentes e, incluso, hasta ingenuos si así les conviene. Por el otro, el presidente les hace creer a los “suspirantes” que sí tienen posibilidades para ver cómo reaccionan. En esa “danza” periodistas y sectores sociales también participan.

Por lo mismo, con sus debidas diferencias, queda claro para los expertos que la decisión no es para nada personal ni caprichosa. José López Portillo, con todo y su megalomanía, perdió poco a poco a sus preferidos. La designación final, a favor de Miguel de la Madrid, fue el resultado de una selección entre personajes ajenos al “gran elector”.

Miguel de la Madrid candidarto 1981


En todo esto también hay una coincidencia. El papel o influencia del presidente del PRI en turno es mínima; el dirigente de la organización partidista no hace otra cosa más que ocupar una posición gerencial de administración y funcionamiento. 

Lo que cada vez es un hecho contundente son las similitudes actuales con el proceso de decisión que enfrentó Miguel de la Madrid. En medio de una crisis dentro del PRI donde la disidencia le exigía abrir el proceso, les hizo caso, pero tuteló el método: hizo que seis aspirantes describieran su idea de país al Consejo Político del partido; desde ahí procesó la candidatura de Salinas de Gortari, la cual hizo crecer con más celeridad que la del secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, sin duda uno de los hombres fuertes de aquel sexenio.

Carlos Salinas de Gortari en campaña


Con cercanías y distancias, bajo el peso de 7 décadas de usos y costumbres, de querer retomar y hacer respetar la “liturgia” propia, Enrique Peña Nieto tendrá que tomar sus propias decisiones para definir al candidato presidencial priista. Ahora con una salvedad: deberá contender por el cargo en una de las más reñidas contiendas electorales de la historia del país.

Convención de delegados en PRI obligará a pasarelas de 2018