Clasismo, racismo

Una columna de Sergio Sarmiento.

Clasismo, racismo
Foto: TW @OpinionLSR

El presidente López Obrador ha tomado el tema de manera muy personal. El 23 de mayo acusó a quienes cuestionan la contratación de médicos cubanos de clasismo, racismo y discriminación. “¿Qué no la salud es un derecho humano?”, se preguntó él mismo. “¿Qué no se traen futbolistas o beisbolistas de otros países? Pero es un dogmatismo enfermizo”. 
No se entiende muy bien, sin embargo, por qué preferir a médicos mexicanos sobre los extranjeros sea clasista, racista o discriminatorio. Es más bien un tema de respeto a lo que dice nuestra propia ley. 
La legislación mexicana, efectivamente, da preferencia en el empleo, en igualdad de condiciones, a los mexicanos frente a los extranjeros. Además, obliga a que los médicos que trabajan en nuestro país tengan grados universitarios mexicanos o revalidados por las instituciones nacionales para asegurar su competencia profesional. 
La ley mexicana prohíbe la trata de personas, por lo que si el gobierno contrata a médicos extranjeros debe pagarles su sueldo directamente a ellos y no a un gobierno foráneo que se queda con la mayor parte. Nuestra legislación prohíbe, además, violar los derechos individuales de los trabajadores, pero a los médicos cubanos no se les permite traer a sus familias, porque son retenidas en Cuba para que los médicos no quieran escapar del “paraíso socialista”. Tampoco se les permite relacionarse con mexicanos, lo cual es otra violación a sus derechos. 
Un extranjero debe contar con un documento migratorio que le permita trabajar en México. Necesita, además, toda la documentación de registro en el SAT, incluyendo también la toma presencial de biométricos, igual que se nos exige a los mexicanos. El actual gobierno, por otra parte, acaba de prohibir la subcontratación laboral, el outsourcing, pero la propuesta es que estos cubanos sean subcontratados al gobierno cubano. 
No sé si realmente no haya en el país médicos nacionales para cubrir las necesidades del sector público, pero la lista de facultativos mexicanos que esperan años para obtener un puesto en el sector público es enorme. Más de 40 mil generalistas mexicanos están trabajando en consultorios de farmacias privadas con sueldos ínfimos porque no hay plazas en las instituciones del gobierno. Las condiciones con las que los pasantes y recién graduados nacionales trabajan en nuestro país son, por otra parte, deplorables, con sueldos miserables, turnos inhumanamente largos y ni siquiera un lugar digno para descansar. 
Si el gobierno necesita contratar a profesionales extranjeros, porque no hay los suficientes en México, o los mexicanos no quieren trabajar en los lugares más necesitados, el procedimiento debe ser la apertura de una convocatoria a médicos de cualquier país que presenten pruebas o revaliden sus documentos. Los seleccionados deben ganar lo mismo que los mexicanos y recibir el mismo trato. Necesitará procesar sus papeles migratorios y fiscales para trabajar legalmente. 
No es tan difícil: se trata simplemente de acatar nuestra propia ley. Los médicos cubanos deben pasar por el mismo procedimiento que un guatemalteco, colombiano, estadounidense o español. Si no, el propio gobierno estaría cayendo en actos de clasismo, racismo o discriminación. Y no queremos eso, ¿verdad?
Twitter: @SergioSarmiento