¿Cómo eran las excéntricas fiestas del Cártel de los Arellano Félix?

Aunque en aquella época las organizaciones criminales mantenían un perfil público bajo, los hermanos siempre hicieron gala de una vida de excesos, violencia y ostentación.

¿Cómo eran las excéntricas fiestas del Cártel de los Arellano Félix?

El Cártel de Tijuana, mejor conocido como el clan de los Arellano Félix ya se encuentra lejos de sus momentos de mayor poder criminal. Esta organización que creció en los años ochenta al abrigo de su tío, Miguel Ángel Félix Gallardo, consolidó su control en la frontera de Tijuana, Baja California, al norte de México, como un poder criminal autónomo de las otras familias mexicanas de la droga.

Aunque en aquella época las organizaciones criminales mantenían un perfil público bajo, los hermanos siempre hicieron gala de una vida de excesos, violencia y ostentación.

Los Arellano Félix, llegados de Guadalajara, promovieron con sus eventos abiertamente las adicciones a las drogas. Organizaban fiestas escandalosas en las que invitaban a personas adineradas y les regalaban un cóctel de drogas como cocaína, marihuana y heroína.

Quien se atreviera a quejarse del ruido de las fiestas era amenazado y, si persistía, asesinado. Según los conocedores de aquella época, una torre de departamentos, localizada en la Zona Río, fue abandonada por sus inquilinos debido a los desmanes ocasionados por los juniors.

Los Arellano Félix eran comandados por Ramón Arellano, conocido como el más violento del clan. “Si le sonreías y estaba de malas, te mataba; si no lo saludabas, también te mataba”, según reveló uno de sus sicarios.

Ramón cayó en 2002 ante las balas de un policía judicial de Sinaloa. En pleno carnaval de Mazatlán, y en medio del asesinato del cardenal Posadas, a quien los Arellano Félix habrían asesinado tras confundirlo con el Chapo Guzmán, el mayor del CAF se ocultaba en el bastión del Cártel de Sinaloa.

El violento hombre llegó discretamente en un Volkswagen, sin joyas ni ropa llamativa, como era su estilo. Tenía la intención de asesinar a Ismael Zambada García, pero fue él quien terminó ejecutado.

Menos de un mes después de la muerte de este narco, Benjamín Arellano Félix fue detenido en una zona residencial de Puebla. El capo cedió a la detención sin balas ni escándalos.

Muerto Ramón y preso Benjamín, el poderío del Cártel de los Arellano Félix se dividió. La parte de la operación criminal a Francisco Javier Arellano Félix, El Tigrillo, y la situación financiera y el lavado de dinero a Enedina Arellano Félix.

Al mayor de los hermanos Arellano Félix, Francisco Rafael, lo ejecutaron en una fiesta. En 2013 organizó un evento al que acudieron políticos, deportistas y familiares. Un sicario disfrazado de payaso entró al exclusivo festejo y le mató de disparos en la cabeza. Las autoridades presumen que se trató de un ajuste de cuentas por parte de José Rodrigo Aréchiga Gamboa, El Chino Ántrax, para mostrar su lealtad a Ismael “El Mayo” Zambada del Cártel de Sinaloa.

La cocaína y la marihuana de este clan llegó hasta San Diego, Los Ángeles, Las Vegas, Chicago y Nueva York, en Estados Unidos. En el país a los estados de Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán y Guerrero.

Los enfrentamientos de los Arellano Félix con Joaquín Guzmán Loera y con Héctor “El Güero” Palma fueron constantes. Posteriormente se enemistaron con Ismael El Mayo Zambada. Hubo desde asesinatos de familiares, mujeres y niños, hasta los más públicos en Guadalajara y Puerto Vallarta, Jalisco. Incluso cuando en 2002 habían planeado asesinar a El Mayo en Mazatlán, el 10 de febrero cayó muerto Ramón Arellano Félix.

Con información de Infobae