El Chapulín

Se llama Gabriel Boric, tiene 35 años y está a la cabeza de la gran mayoría de las encuestas en Chile, que votará en noviembre para elegir al sucesor o sucesora de Sebastián Piñera

El Chapulín

Por Sergio Ricardo Hernández Mancilla*

@SergioRicardoHM

Si hoy te lo cruzaras en la calle o si estuviera sentado en la mesa de junto en una cafetería probablemente no te pasaría por la cabeza que está muy cerca de ser un importante líder latinoamericano.

Se llama Gabriel Boric, tiene 35 años y está a la cabeza de la gran mayoría de las encuestas en Chile, que votará en noviembre para elegir al sucesor o sucesora de Sebastián Piñera en la presidencia. De resultar ganador, Boric Font sería el presidente más joven de América

Latina. Originario de la remota región de Magallanes -ahí hasta abajo, en la antártica chilena, donde termina el continente americano- Boric es parte de un grupo de jóvenes que iniciaron su actividad política y saltaron a la fama en los movimientos estudiantiles que se llevaron a cabo en su país entre el 2008 y 2012.

Junto a personajes como Karol Cariola, Giorgio Jackson y Camila Vallejo -quizá la cara más conocida a nivel internacional- se ganaron un lugar importante en la vida pública y política de su país desde las dirigencias estudiantiles, lo que les permitió dar el siguiente paso y lanzarse a la cámara baja siendo apenas unos veinteañeros.

Forjados en la política estudiantil y ex voceros de la Confederación de Estudiantes de Chile, los 4 fueron electos diputados en el 2013 y reelectos en el 2017. De distintos partidos y universidades, pero todos militantes de izquierda, han sido personajes relevantes en la vida pública de Chile durante los últimos 10 años o más. No es cosa menor para un grupo que no supera los 35 años de edad.

De hecho, el único que tiene 35 años cumplidos y, por lo tanto, es el único que cumple con los requisitos constitucionales para ser candidato a la presidencia, es Gabriel Boric. Los demás tienen 34 y 33 años y por lo tanto la ley no les permite ser presidenciales, pero no descartemos que en un futuro no muy lejano les veamos en una de estas importantes boletas. Si los comparamos con el actual presidente, magnate supermillonario de derecha que supera los 70 años de edad, es fácil encontrar diferencias por todas partes.

El candidato del Frente Amplio tiene un corte informal, pelo y barba larga y hasta se podría decir que un tanto desalineado. Con tatuajes en los brazos, casi siempre de jeans con playera o camisa arremangada, y muy pocas veces con saco o atuendos elegantes, contrasta con el estereotipo del político tradicional latinoamericano: de traje y zapatos, corbata, guayabera o ropa formal en la mayoría de las ocasiones. Contrasta incluso con otros personajes políticos jóvenes del continente, como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, o el ex candidato presidencial de Ecuador, Andrés Arauz, que a pesar de ser jóvenes, mantienen un estilo más conservador.

El estilo de Gabriel Boric parece auténtico y eso siempre abona a la percepción de cercanía, aunque, claro está, no falta quien lo critica por no tener porte presidencial. Dedicarle tiempo a hablar de la imagen parece muy superficial, pero no lo es. Y menos en política.

Quizá como una decisión intencionada de demostrar que la imagen formal no es relevante, o tal vez como una consecuencia natural de su personalidad, la realidad es que Boric ha intentado demostrar que lo más importante de un político no cómo te ves sino lo que haces, tu congruencia, tu trabajo y las batallas que asumes. Al menos eso parece ser lo que el ex dirigente estudiantil quiere transmitirnos.

Boric no solo ha sido diputado durante los últimos 8 años, sino que ha sido uno de los legisladores más influyentes en el país. Su candidatura presidencial no es de a gratis, ni heredada, ni un experimento; de hecho el proceso para llegar a la boleta con el Frente Amplio no fue fácil, tuvo que juntar más de 35 mil firmas y participar en una contienda interna contra Daniel Jadue, alcalde de Recoleta, en Santiago, que era el gran favorito al iniciar las primarias.

Pero no todo en su trayectoria ha sido miel sobre hojuelas: los grupos menos progresistas del país lo rechazan por considerarlo demasiado radical; todavía le recuerdan que como dirigente del Centro de Alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, impulsó la toma de un edificio universitario durante 40 días para exigir la salida del decano. Entre otros momentos complicados, en el 2017 desapareció el movimiento Izquierda Autónoma -del cual había sido fundador y líder- entre acusaciones de algunos compañeros que advertían un liderazgo caudillista en la figura de Boric.

Ahora, en campaña presidencial, el equipo de Sebastián Sichel -uno de sus principales contrincantes- lo han desgastado con críticas por su alianza con el Partido Comunista, por no haberse titulado y haber vivido siempre del presupuesto público, por su falta de experiencia en temas económicos y hasta por no tener familia y no conocer las responsabilidades de ser padre.

Ya están pensando en la polarización de la segunda vuelta y en darle un golpe a su credibilidad desacreditando lo que hoy parecen sus principales fortalezas. Hay que recordar que en Chile, como en muchos otros países, si no hay un ganador que tenga más del 50% de los votos, las dos opciones más votadas pasan a una segunda vuelta.

Si las elecciones fueran hoy, sería casi un hecho que Boric y Sichel pasarían la segunda vuelta, sin embargo, José Antonio Kast, el candidato ultraderechista del Partido Republicano tiene una tendencia a la alta que podría darle un susto a Sichel. Si fuera el caso, la segunda vuelta sería una interesante contienda entre Boric, el joven de izquierda salido de los movimientos estudiantiles, contra Kast, el candidato ultraconservador tipo Bolsonaro. Habrá que ver cómo se mueven las fuerzas políticas cuando sean sólo dos opciones en lugar de 7.

En fin, falta poco para saber quién llegará a La Moneda el próximo año pero, si todo continúa como hasta ahora, Boric será una figura relevante en Chile durante los próximos años y, si logra ganar la presidencia, lo será también para América Latina. Vale la pena estar atentos y seguirle el rastro.

(*) Politólogo y consultor político. Socio de El Instituto, Comunicación Estratégica. Desde hace más de 10 años ha asesorado gobiernos, partidos y candidatos en América Latina.