Enfermedad autoinfligida

No ha sido el peor problema económico del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que sufrió una contracción de 8.5 por ciento en 2020, pero sí el que más le ha costado en imagen pública. Se trata de la escasez de medicamentos y en particular de los oncológicos pediátricos.

Enfermedad autoinfligida
Enfermedad autoinfligida

No ha sido el peor problema económico del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que sufrió una contracción de 8.5 por ciento en 2020, pero sí el que más le ha costado en imagen pública. Se trata de la escasez de medicamentos y en particular de los oncológicos pediátricos.

Ayer el presidente proclamó victoria una vez más “en la compra de medicamentos, algo que ha significado, pues, una lucha, una decisión que tomamos y que está llena de obstáculos. Pero, afortunadamente, ya se resolvieron todos los problemas”.

El secretario de salud, Jorge Alcocer, afirmó que sí había sido posible comprar medicamentos en el exterior haciendo a un lado a los productores mexicanos. Afirmó que se compraron mejores medicinas y a menor precio, con el apoyo de la UNOPS, una institución de las Naciones Unidas.

Mientras se enorgullecía de las compras realizadas, sin embargo, cometió una falta importante de empatía al afirmar: “Termino con los oncológicos por el interés, válido desde luego, pero exagerado y utilizado con otros fines de alguna parte de la información”. El secretario habló de cómo se habían conseguido estos medicamentos después de un gran esfuerzo, pero su afán de quedar bien con el presidente cayó por tierra con su declaración de que descartaba, como exagerado, el interés de los padres de niños con cáncer de obtener medicamentos para sus hijos era exagerado.

La verdad es que la crisis de los medicamentos ha sido uno de los peores errores del actual gobierno. Si bien el sistema de salud de nuestro país siempre ha tenido deficiencias, el desabasto de los últimos años fue autoinfligido. Lo provocó la clausura de la principal planta de fabricación de medicamentos oncológicos pediátricos en el país y la cancelación de las compras consolidadas de insumos médicos que realizaba bastante bien el IMSS. No sé si las afirmaciones de que el viejo sistema era corrupto son ciertas, ya que el gobierno nunca ha presentado acusaciones concretas con pruebas, pero no hay duda de que el desabasto que generaron las acciones del gobierno fue mucho peor que la situación que existía previamente.

El gobierno demostró que, si hay que salir a comprar medicamentos al exterior, en lugar de comprarlos a los productores nacionales, se puede hacer, aunque después de varios años de esfuerzos y a un costo aparentemente mayor (los medicamentos que se compraron no incluyen los costos de distribución). Es poco probable, sin embargo, que este esfuerzo se mantenga mucho tiempo. La nueva política de compra de medicamentos ha costado miles de empleos en el sector farmacéutico nacional, el cual tiene mejor calidad que muchos de los países de los que se compraron finalmente las medicinas, pero además ha vuelto una pesadilla lo que ya era un sistema bien diseñado y que funcionaba sin problemas.

Lo peor de todo es que el costo político para el presidente ha sido enorme. Nada ha afectado más la imagen de un mandatario muy popular que la idea de que se negaba a darles medicamentos a los niños con cáncer.

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