Legislar en fast track

El periodista Sergio Sarmiento aborda la eliminación del Insabi, que será reemplazado por IMSS-Bienestar.

Legislar en fast track
Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro.com

En una semana de prisas, conforme las dos cámaras del Congreso están tratando de terminar las agendas legislativas que se les han impuesto antes de empezar las largas vacaciones de cuatro meses hasta septiembre, la mayoría oficialista está recurriendo cada vez más al fast track legislativo.

¿Qué es esto? Es la aprobación de leyes con dispensa de trámites, sin que se discutan ni dictaminen en comisiones, sin hacer consultas con especialistas o con representantes de las actividades afectadas. Es aprobar a ojos cerrados las instrucciones de los líderes, que a su vez reciben órdenes del poder ejecutivo.

Este 25 de abril, por ejemplo, la mayoría oficialista aprobó por esta vía rápida una serie de reformas a la Ley General de Salud para extinguir el Instituto de Salud para el Bienestar, el INSABI, y pasar sus responsabilidades al llamado IMSS-Bienestar. Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde mayoritearon en la Cámara de Diputados la iniciativa para aprobarla en lo general tres horas después de que se presentó. Por la dispensa de trámites, no hubo ninguna oportunidad de discutir la nueva legislación o de evaluar sus consecuencias. Había prisa para cumplir con la promesa del presidente de tener un sistema de salud como el de Dinamarca.

Lo lamentable es que el INSABI apenas se creó el 1 de enero del 2020, después de que la misma mayoría oficialista aprobó, a fines de 2019, acabar con el Seguro Popular, que a pesar de sus defectos daba un servicio de salud razonable a los más pobres. El INSABI, se dijo entonces, permitiría la creación de un sistema de salud universal y gratuito como el de Dinamarca o el de Canadá. Si bien no hubo dispensa de trámites en esa ocasión, la mayoría oficialista no se preocupó por cuidar ninguno de los detalles a los que hay que prestar atención cuando se destruye un sistema de salud nacional existente y se crea otro nuevo. El decreto no incluía siquiera una proyección del impacto presupuestario del INSABI. La idea de entrar a un nuevo sistema a ciegas, simplemente para obedecer las órdenes del presidente, generaba una enorme incertidumbre. Estoy seguro de que así no se creó el modelo de salud de Dinamarca.

El INSABI, creado para “proveer y garantizar la prestación gratuita de servicios de salud, medicamentos y demás insumos asociados a las personas sin seguridad social”, lejos de mejorar los servicios que se tenían con el Seguro Popular, los deterioró de manera importante en muy poco tiempo. Por eso no sorprende que hoy, apenas tres años y cuatro meses después, se haya puesto fin al INSABI. Quizá hoy deberíamos celebrar su terminación, pero el problema es que está siendo reemplazado por un IMSS-Bienestar sobre el que tampoco ha habido ni la más mínima discusión.

Legislar de prisa no tiene sentido. Es indispensable discutir con los representantes de la oposición, pero más aún con los especialistas en la materia, para emitir reglas sensatas y sostenibles en el largo plazo. Así como se ha legislado el nuevo IMSS-Bienestar, no debería sorprendernos que en unos cuantos años haya que eliminarlo como ha ocurrido ahora con el INSABI. No se puede legislar nada más obedeciendo las ocurrencias del presidente.