Gobierno Federal
amlo_ezln_zapata_1200_notas110118.jpg
Foto: Cuartoscuro.com

AMLO y los ‘verdaderos’ Zapata: la molestia del EZLN

Vie 11 Enero 2019 20:31

Declarar este 2019 como el año de Emiliano Zapata tiene un significado político y simbólico mucho más profundo que solo el uso de su nombre en la papelería oficial o recordar la mera efeméride de su asesinato. Andrés Manuel López Obrador y su proyecto tiene frente a sí a un “rival” de objetivos, ideología y mercado político: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el cual siempre ha estado bajo la controversia de manejar de forma “legítima” el legado del Caudillo del Sur. De ahí también tiene que puede entenderse la presencia pública de la familia Zapata.

Como buen conocedor de la historia de México, el presidente López Obrador sabe lo que significa la cercanía del personaje y el legado de Zapata, en lo concreto y en lo abstracto; su nieto Jorge Zapata González confió que el tabasqueño cumpla con los ideales de su abuelo; "por fin el pueblo de México y su conciencia crítica han despertado y vamos juntos con usted a reconstruir México, que nos los entregan desangrado, desgarrado, con miles de desaparecidos, saqueado por la corrupción a todos los niveles", dijo.


Habrá quien diga que los familiares abrevan y aprovechan el apellido “Zapata”, más ahora que se tiene un gobierno de izquierda que, per se, debe tener una plena identificación con su lucha, sus postulados y su herencia política. Pero ese respaldo no lo obtuvieron los tres gobiernos inmediatos; en la familia padecieron que en los sexenios anteriores fueran parte de una retórica decorativa y un escenario que se justificaban en la “Revolución de 1910”.



De manera coyuntural esta sinergia política cobra mayor relevancia por los 25 años de la aparición pública del EZLN, el cual busca ahora reivindicar su presencia, su visión política y su imagen social ante un proyecto que lo “amenaza” y confronta en varios sentidos.

Va la explicación porque solo algunos analistas y expertos lo han visto en las semanas recientes y hay que tomarlo en cuenta en los meses por venir. El EZLN surge no solo como una respuesta ante la entrada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte el primer día de 1994; su lucha es el reconocimiento a los derechos de los pueblos indígenas. López Obrador, desde la campaña y aún antes, también tiene como prioridad la reivindicación social, económica y política de los pueblos originarios.


Con ese matiz podríamos ahora establecer el impacto y alcance de la ceremonia en el Zócalo el 1 de diciembre de 2018 donde representantes de diversas etnias otorgaron el “bastón de mando” al presidente entrante. Habrá qué imaginar lo que sintió la dirigencia del EZLN  al ver que un político, dentro del sistema tradicional, recibió tal respaldo.


Otra arista de esta confrontación son los megaproyectos que López Obrador tiene en mente y ya en marcha para el sureste, donde Chiapas es un territorio estratégico y prioritario; basta ver que el Tren Maya, más allá de todo lo que se ha dicho que busca lograr y representa en términos prácticos, es la irrupción de una idea moderna y transformadora en espacios físicos y culturales que han estado cerrados o limitados hacia el México occidentalizado. Los “zapatistas” también deben ver una “amenaza” al entorno que han controlado, hasta donde se sabe, hace más de tres décadas.


Con esto puede entenderse ahora que en diciembre pasado, el comandante Moisés habló en términos de “tramposo”, “mañoso” y que sólo engaña al pueblo de México, en especial a los pueblos originarios. De una visión de rechazo y hasta de insulto a los megaproyectos, lo que incluye el construir una “red de resistencia”; ellos tienen que adoptar el más radical de los discursos al haber cambiado el paradigma político en México cuando llega un opositor más “incendiario” al mayor cargo político del país.

Fiel a su espíritu que lo llevó a Palacio Nacional, el presidente prefiere evitar en las palabras y en las formas cualquier postura de confrontación; por ello en la conferencia matutina correspondiente optó por señalar que “nadie lo va a cucar”. En su idea y en su proyecto López Obrador no puede incurrir en el error de Vicente Fox de dejar espacios al EZLN como ocurrió recién empezaba su sexenio, pero tampoco abrirse ese “frente” de controversia; lo que sí pone en marcha son proyectos de infraestructura y emite declaratorias donde se apropia de la imagen, nombre y legado de Emiliano Zapata.

AMLO y EZLN: una complicada relación de encuentros y choques