Gobierno Federal
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Foto: Notimex Ebrard y su mediación: sismo de 1985, Chiapas y ahora Venezuela
Mar 05 Febrero 2019 19:23

México vuelve a asumir un papel de mediador en un conflicto regional cuando el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, acuda a Montevideo, Uruguay para impulsar el diálogo hacia una resolución pacífica y democrática de la crisis política en Venezuela. Es así que el exjefe de gobierno de Ciudad de México enfrenta su primera gran encomienda como responsable de la política exterior del país; no es la primera vez que esté en medio de dos posiciones antagónicas en una situación que se antoja irresoluble. Sus orígenes en estas lides se remontan precisamente hace 25 años en Chiapas.

Marcelo Ebrard aseguró que la postura del gobierno mexicano no es defender o respaldar a Nicolás Maduro, ni a su régimen en Venezuela, sino “promover el diálogo para resolver una crisis que podría desencadenar violencia, incluso una guerra civil”.

En entrevista televisiva el canciller hizo énfasis en que durante este proceso “tiene que haber un diálogo donde se hable de libertades políticas, donde se hable de procesos electorales, y de todos los temas que se tienen que hablar. Nosotros no hemos nunca excluido ningún tema, al contrario, todo se tiene que tratar”.


De acuerdo con columnas políticas, tomando como referencia fuentes cercanas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, México estaría conformando a un grupo integrado por gobiernos que se han abstenido de condenar a Venezuela y con el que Caracas no tiene cuentas pendientes; además de nuestro país, el propio Uruguay, Noruega y El Salvador.


La estrategia podría tomar el siguiente camino: el hostigamiento hacia el régimen de Maduro no ha derivado en un cambio profundo; se advierte que de nada han servido las condenas, presiones y medidas promovidas en el terreno bilateral o en foros multilaterales. Por ello reconoce que la victimización del régimen venezolano ha sido su principal fuente de legitimidad interna y motivo de polarización.

Es así que Ebrard apostaría por formar dicho grupo para mediar entre las partes como única vía hasta ahora para distender la crisis que se ha generado en Venezuela, tras la reelección de Maduro y el desconocimiento del proceso electoral por parte de la comunidad internacional.


De esa manera el canciller mexicano bien podría retomar lo aprendido durante una crisis en México con tintes inéditos en ese momento: el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas durante 1994 y cuyo negociador por parte del gobierno federal fue el efímero titular de Relaciones Exteriores, el finado Manuel Camacho Solís.


Ebrard fue parte de su equipo desde mediado de los años ochenta, cuando Camacho Solís fue secretario de Desarrollo Urbano y Ecología por lo que le tocó enfrentar la reconstrucción de Ciudad de México después del temblor de 1985; luego cuando fue regente de la ciudad durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y tras el conflicto por la nominación presidencial del PRI en 1993, en su breve paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Marcelo Ebrard con Manuel Camacho Solís en 1994


Finalmente, fue testigo de primera línea de las pláticas y conversaciones con el EZLN para lograr una conciliación y posterior firma de un tratado preliminar de cese al fuego. Ese es el expertise que llevará Ebrard a Montevideo y que podría constituir la primera gran jugada, no solo de su dependencia, sino de la política exterior del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para retomar el liderazgo regional que le ha disputado Brasil; así como equilibrar la eventual injerencia que el gobierno de Estados Unidos pretendería tener en Venezuela.

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