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Entre el crimen y la Iglesia: la labor de Segob en elección

Lun 09 Abril 2018 21:09

Tarde que temprano, la Secretaría de Gobernación tendría que manejar “una papa caliente” como la que surgió desde las entrañas de Guerrero. El contacto que Salvador Rangel Mendoza, obispo de Chilpancingo, realizó con un líder narcotraficante para acordar paz en el proceso electoral en la región, solo es el reflejo de un contexto que se vive de manera cotidiana en varias zonas del país. Es aquí donde la dependencia federal debe plantearse como la representante del Estado y garantizar elecciones bajo plena seguridad.

Los incidentes violentos reportados de manera constante ponen a Guerrero como un auténtico “foco rojo” para la gobernabilidad no solo de esa entidad sino para todo el país; la muestra más clara son los crímenes reportados contra aspirantes a puestos de elección popular, contra ediles y funcionarios en activo, así como contra exgobernantes.


Si bien pueden plantearse como crímenes del fuero común, la connotación política de las víctimas, hacen obligatoria la intervención e injerencia de Gobernación. Pero al más puro estilo de “las fuerzas vivas” del siglo XX mexicano, es la Iglesia católica la que vuelve a tomar una actitud protagónica al revelar su intermediación con los grupos criminales.

Por supuesto que esto volvió a “destapar” la discusión de cuál debe ser la intervención de un ministro de culto religioso ante esta conflictividad. Por un lado, el consejero electoral, Marco Antonio Baños advirtió que “la Iglesia no puede involucrarse en los procesos electorales”; precisó que sus jerarcas deben abstenerse de participar en estos temas y hacer “pactos con narcotraficantes”.


Postura diferente la de Bernardo Barranco, sociólogo especialista en temas religiosos; en entrevista con Excélsior explicó que Rangel Mendoza no está cometiendo ningún delito, ni violentando la ley, ya que su actuación estaría respaldada por el Artículo 24 Constitucional, que garantiza la libertad religiosa. Además recuerda que los ministros de culto en ese tipo de zonas son la primera “línea de defensa” de una sociedad que se percibe vulnerable.


En medio de todo ello, es por demás pertinente que el titular de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, revele sus reuniones con la parte involucrada, como es la Conferencia del Episcopado Mexicano, encabezada por el arzobispo de Guadalajara, cardenal José Francisco Robles Ortega.


En el tramo que falta por recorrer del proceso electoral, Gobernación debe convertirse en el garante de la seguridad, la estabilidad y la gobernabilidad sobre todo en zonas de alta conflictividad. Recorriendo el delicado equilibrio del protagonismo político, la dependencia es la primera “orquestadora” para que los actos proselitistas y los actores involucrados (en especial los electores) sepan que a pesar  de los retos de seguridad, sí es posible elegir a sus autoridades en paz. El reto y la encomienda no es menor, pues hay otras instancias dispuestas a llenar eventuales ”vacíos de autoridad”.

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