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Foto: Politico.mx

Manos y piernas presidenciales fueron honradas y robadas

Vie 20 Septiembre 2019 04:00

Durante los inicios de la historia de los presidentes de México, las batallas fueron un estandarte de valor y lucha. Ejemplo de ello, fueron dos personajes emblemáticos en cada época; uno conocido por encabezar 11 veces la presidencia del país y vender más de la mitad del territorio nacional, y el otro por ser posrevolucionario, y luchar en contra de Francisco Villa del lado de Venustiano Carranza.

En este contexto, Antonio López de Santa Anna y Álvaro Obregón purgaron batallas en las que perdieron algo más territorios. Por una parte uno perdió una pierna, mientras que otro perdió la mitad de un brazo. Con ello realizaron rituales de honor para sus extremidades que también pasaron grandes aventuras.

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El narcisismo de Antonio López de Santa Anna 

Durante denominada “Guerra de los Pasteles” en 1838, el entonces presidente Antonio López de Santa Anna purgó la batalla contra el ejército francés en Veracruz, donde a causa del fuego de la artillería sufrió la amputación de su pierna izquierda.

Después de la pérdida de su extremidad, Santa Anna llevó a cabo un funeral con honores militares para su pierna que primero fue sepultada en un jardín de la hacienda Manga de Clavo, en Veracruz.

Años después la pierna sería exhumada y trasladada a Ciudad de México donde de nueva cuenta se llevaría cabo un entierro con honores el 27 de septiembre de 1842 en el cementerio de Santa Paula (hoy Reforma Norte), en medio de un gran desfile militar y político en el que la pierna fue paseada en una vitrina por todas las calles.

Enemigos van por la pierna 

Durante un levantamiento en armas contra el dictador en 1844 la pierna fue sacada de su sepulcro y opositores la arrastraron por las calles de la ciudad y  fue ahí cuando no se supo más de ella.

Pero las aventuras de las extremidades de Santa Anna no quedaría ahí, ya que en 1847, durante la Batalla de Cerro Gordo, perdió también la prótesis de su pierna. Esta prótesis es exhibida a actualmente en día en el Museo Estatal Militar de Illinois.

La historia de valor de Álvaro Obregón

Muchos años más tarde, el general Álvaro Obregón quien luchaba con el ejército constitucionalista en contra de los villistas en la Batalla de Celaya en Guanajuato el 8 de julio de 1915, el sonorense perdió la mitad inferior de su brazo derecho. 

Ante los dolores agudos por el impacto, con la izquierda empuñó la su pistola llevaba al cinto y disparó sobre su sien izquierda, sin embargo falló en el intento de suicidio ya que el arma estaba descargada. 

Posteriormente, el doctor Enrique Osornio le amputó la extremidad que pendía de la parte alta de su brazo para después ponerla en formol como símbolo de su valentía y su entrega en las batallas.

La mano parrandera 

Uno de sus colaboradores más cercano de Obregón, Francisco Serrano llevó el frasco que contenía la mano de parranda a un burdel de la avenida Insurgentes, donde supuestamente una prostituta se la robó.

Monumento a Obregón 

Fue allí donde el doctor Osornio la encontró, para después entregarla a Aarón Sáenz, secretario particular de Obregón, quien convenció al entonces presidente Lázaro Cárdenas de construir un monumento en honor al General, en el sitio donde fue asesinado el 17 de julio de 1928.

Su mano estuvo en exhibición de 1935 a 1989 cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari ordenó su incineración para entregar la cenizas a los familiares del general, sin embargo enterraron los restos en el monumento ubicado en el Parque de la Bombilla en Ciudad de México. 

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