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Foto: el siglo de Torreón

Rosario Robles teje bufandas en la cárcel, una de ellas de los Pumas

Mié 04 Diciembre 2019 16:44

Rosario Robles, exsecretaria de Desarrollo Social, cuenta desde el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha, que “por suerte fui a escuela de monjas”, pues le enseñaron a tejer y ahora pasa el tiempo en prisión haciendo esta actividad. “Hago bufandas, llevo cuatro y una de ellas era de los Pumas”.

En su columna “Sobremesa”, publicada en El Financiero, la periodista Lourdes Mendoza relata cómo vive Robles en la prisión. “Me levanto a las 7 am a recolectar agua, pues la cortan y regresa solo otro rato hasta como las cinco de la tarde. Ya aprendí a bañarme con solo una cubeta de agua”, cuenta.

“Trato de rezar, aunque al estar aquí a veces me cuesta trabajo, por lo que mejor trato de meditar y de hacer yoga”, platica. Además comenta que se encuentra tranquila, “a pesar de la parcialidad del juez”, y que en el reclusorio la tratan bien, e incluso algunos custodios la recuerdan con cariño tras su paso como jefa de Gobierno en Ciudad de México.

“Hay días mejores que otros. Muchas mañanas me despierto y me doy cuenta de que esto no es una pesadilla, sino que aquí estoy. Por ejemplo, el otro día pensé que ya iba a salir por la declaración del magistrado y me despedí de todas, estaba muy emocionada. Con decirte que otra interna llegó y me dijo: ‘licenciada, venimos Alicia y yo a invitarla al club de canutillo; somos Alicia y yo, pero con usted seremos tres’. A lo que contesté, ‘gracias, pero creo que mañana saldré’. Pero pues no fue así, el juez Delgadillo Padierna volvió a demostrar que no es imparcial y me mandó de regreso. Ya en la julia venía pensando: mi futuro será unirme al club de canutillo”, y ríe. 

“Aquí en el penal se preocuparon de que me fuera hacer algo, pero no, lejos de hacerme daño (el juez) me fortalece. Hace mucho frío, por lo que siempre tengo frío, pero el peor momento es cuando tengo que bajar en la noche, como a las 7, a hablar por teléfono, ya que está helado”, cuenta con lágrimas en los ojos, según la crónica de Mendoza

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