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Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro

Seguridad en la UNAM en tiempos de Graue: el factor político

Mié 05 Septiembre 2018 21:09

Las demostraciones estudiantiles en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en rechazo al “porrismo” y la violencia deben verse mucho más allá de la actual coyuntura. Son el síntoma de años de abandono e indolencia, al privilegiar la “estabilidad política” de la institución; el rectorado de Enrique Graue sigue con las mismas estrategias desde la recuperación de la institución por la huelga de 1999-2000, pero esto no ha evitado que en el campus crezca la inseguridad, la violencia, el narcomenudeo y el porrismo. La marcha del 5 de septiembre confirma el hartazgo de la comunidad y la limitada respuesta de las autoridades.


Los jóvenes tienen razón en reaccionar ante la trifulca del 3 de septiembre en la Rectoría donde grupos porriles agredieron a los manifestantes de una marcha pacífica frente a los incidentes en el CCH Azcapotzalco; pero en perspectiva es un escalón de la violencia que se ha manifestado en el campus de Ciudad Universitaria.

Basta recordar el escándalo que inició el 23 de febrero de este mismo año cuando una riña entre presuntos narcomenudistas en las inmediaciones de la Facultad de Filosofía y Letras dejó dos muertos; la indignación entre la comunidad se hizo manifiesta. Fue así que se reveló que entre enero de 2017 y febrero de 2018, han sido detenidas 29 personas en las inmediaciones de Ciudad Universitaria por hechos vinculados con la compra y venta de drogas, particularmente mariguana y cocaína.


El asunto hizo que se colocaran de nuevo los reflectores en el gran pendiente de gobernabilidad y seguridad en la institución: la “ocupación” durante prácticamente 18 años del auditorio Justo Sierra, mejor conocido como “Che Guevara”. 

Durante la huelga de 1999-2000, los líderes de la protesta volvieron al recinto su base de operaciones. Sin embargo, en septiembre de 2000, meses después de que la huelga había terminado, algunos activistas empezaron a residir ahí. Y así pasó su periodo en la torre de Rectoría el propio estabilizador Juan Ramón de la Fuente, los dos periodos de José Narro y ahora Enrique Graue: más allá de todo argumento en favor de la seguridad, la estabilidad y la tranquilidad, permanece el cálculo político de lo que significaría una intervención policiaca, ya sea local o federal, pues los extremistas acusarían que se “vulnera la autonomía”.


Esa falacia (pues la autonomía es de cátedra, de presupuesto y gestión) ya forma parte del “blindaje político” en que se han colocado las autoridades respectivas para solo establece acciones francamente paliativas ante un cáncer que da muestra de metástasis. Graue comienza a tener la complicación de que la UNAM “se revuelve” en plena transición sexenal.

Por ello los escenarios son tan limitados pero a la vez grises. Nadie podría imaginar, por ahora, que el cierre de las administraciones local y federal se den con un operativo policiaco en Ciudad Universitario; pero está el que le dejen esa “papa caliente” tanto a Claudia Sheinbaum como al propio Andrés Manuel López Obrador, a quienes tampoco se les ve “el ánimo” de actuar con una intervención directa. 


El próximo secretario de Seguridad Pública federal, Alfonso Durazo, indicó que es necesario el trabajo de inteligencia para disminuir la inseguridad, rubro que, enfatizó, compete a autoridades actuales y que “está atendido debidamente por parte de la UNAM”. En medio de todo ello una comunidad estudiantil demandante y vulnerable.

AMLO se reunió con Enrique Graue, rector de la UNAM