Gobierno Federal
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Foto: Diego Simón Sánchez/Cuartoscuro

Seguridad, la agenda más complicada para EPN

Mié 29 Noviembre 2017 09:00

Es sin duda la agenda más complicada para cualquier gobierno y puede empañar otros logros. El tema de seguridad y combate a la delincuencia en el sexenio de Enrique Peña Nieto no está exento de críticas, señalamientos y un dominio del matiz político, como ha ocurrido en otros gobiernos incluso con resultados más negativos. Las cifras de homicidios y detenciones son parte de los elementos a considerar al establecer un balance en este rubro.

La administración peñista comenzó a tambor batiente con la puesta en marcha del Programa Nacional de Prevención del Delito, la primera “decisión presidencial”; pero el esfuerzo duró solo cuatro años y, en ese periodo, más que resultados dejó dudas tras distintas evaluaciones hechas por la Auditoría Superior de la Federación.


Al paso de estas decisiones las cifras de los homicidios reportados ante el Ministerio Público marcaron la tendencia a lo largo de los años: en 2017 se registró el récord de  31 mil 174 homicidios, ubicándose en el nivel más alto del que se tenga registro en el país.

Pero el actual año no se va a quedar atrás: el primer semestre de 2018 se convirtió en el más violento en lo que va del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. De enero a junio de este año se registraron 13 mil 738 asesinatos; esto es que en promedio, se cometieron 76.32 homicidios diarios en el país, de acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) al corte de junio de 2018.


Todo ello es a fin de cuentas consecuencia de mover a las bandas criminales de sus estructuras, con operativos que afectan sus liderazgos. En su sexto y último informe de gobierno, Peña Nieto presumió que se neutralizó a 110 de los 122 objetivos prioritarios de su administración, es decir el 90% de las personas identificadas como los líderes.


Si bien aún están pendientes de atrapar personajes como Nemesio Oseguera Cervantes “el Mencho”, e Ismael “el Mayo” Zambada, cabezas de los cárteles Jalisco Nueva Generación y de Sinaloa, respectivamente, el actual gobierno se lleva una doble corona: atrapar y luego recapturar a Joaquín “el Chapo” Guzmán, el capo del narcotráfico más buscado y emblemático de este siglo XXI en México. Por supuesto hay quienes matizan este logro por los sucesos que lo rodean.

Habían pasado 13 años y un mes de su fuga en el penal de Puente Grande, Jalisco, que al Chapo lo capturaron en Mazatlán, Sinaloa, en un operativo coordinado entre la Marina y el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo el presunto narcotraficante escapó del penal del Altiplano en julio de 2016 a través de un túnel excavado pacientemente a más de un kilómetro de distancia: un suceso que le dio la vuelta al mundo. Finalmente, el 8 de enero de 2016 es reaprehendido y un año después extraditado a Estados Unidos donde justo acaba de iniciar su juicio por cerca de 17 cargos. 


Como ha ocurrido en otros rubros, la administración de Enrique Peña Nieto aún tendrá que ser puesta sobre la balanza de la coyuntura que le tocó enfrentar, donde los retos no fueron menores. La estrategia que siguió en el ramo de la seguridad y el combate al crimen deberá servir de experiencia y ejemplo para la tarea principal que enfrentará el próximo gobierno: proteger a los ciudadanos.

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