Gobierno Federal
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Cuartoscuro

Tiempos Políticos

Mié 05 Septiembre 2018 02:00

Por: Facundo González Bárcenas 

Vivimos un tiempo político raro: el gobierno de Peña Nieto no termina de irse y el gobierno de López Obrador no termina de llegar. Sin embargo, no obstante que el primero de ellos permanece en funciones, tiene visos de pasado, y el segundo, aun cuando todavía no asume el ejercicio de gobierno, tiene trazos de presente. Nuestro tiempo político es, entonces, una incómoda mezcla de pasado que todavía es presente pero que quiere dejar de serlo, y futuro que aún no es presente pero ya quiere serlo. El presente político es un tiempo incómodo, vaporoso, inasible. ¿A quién dirigirse o exigirle desde la ciudadanía, al presidente que ya se va o al presidente que todavía no llega? Al parecer, el país vive volcado al futuro cercano, en espera del 1 de diciembre, fecha en que AMLO tomará protesta como presidente de la República. 

Además, este presente está marcado por una intensidad política inusitada. Los cinco meses que median entre el 1 de julio y el 1 de diciembre no tenían por qué ser como están siendo. Era posible que después de la sorprendente y encomiable civilidad que prevaleció ante los resultados de la jornada electoral, del reconocimiento sin ambages del triunfo de Andrés Manuel por parte de los actores relevantes y las instituciones, éste pudo tener un comportamiento más mesurado, menos protagónico, en una espera institucional de la entrega del documento que lo acreditara como Presidente Electo y de la toma de posesión. Pero no, decidió ocupar el espacio político nacional mediante una incontinencia política en la que cada día hay temas emanados del presidente electo. 

El despido de personal de confianza y por honorarios de la Administración Pública; el decremento de salarios de las capas altas de la burocracia; la llamada “descentralización” de las secretarías y otras dependencias federales; el bochornoso asunto del Fideicomiso “Por los demás”; el nuevo aeropuerto y la consulta acerca de dónde debe construirse; el precio de las gasolinas; el Tren Maya; la plantación de árboles frutales y maderables; la permanencia de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública; el involucramiento en las negociaciones del TLC; la llamada Constitución Moral; algunos nombramientos polémicos; los foros sobre seguridad pública y educación; el perdón y la reconciliación, por sólo mencionar algunos temas, han ocupado la discusión de la opinión pública y los medios. Cada declaración de AMLO parece ser un borrón más al gobierno de Peña Nieto, y éste, por algún motivo, ha aceptado representar ese fantasmal y lastimoso papel.

Pero no hay plazo que no se cumpla. El 1 de diciembre Peña Nieto se habrá ido y López Obrador será presidente constitucional en funciones. A partir de ese momento empezaremos a ver en realidad de qué será capaz el presidente López Obrador y su gobierno, y también de qué será capaz la sociedad que le otorgó el triunfo electoral el 1 de julio. Ya no será tiempo de escuchar promesas sino de constatar resultados. Veremos. 

@fagoba