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Enrique Ochoa con un legado de claroscuros en el PRI

Autor: Político MX

Mié 02 Mayo 2018 18:44

Enrique Ochoa deja la dirigencia del PRI luego de 660 días al frente, y aunque es pronto para hacer una evaluación completa a su gestión, debe ponerse en la balanza lo obtenido tanto en lo electoral, como en la parte netamente política y que hasta cierto punto es intangible. En este tramo pasan sin duda las elecciones de 2017, el número de mexicanos gobernados, los “gobers” corruptos, los cambios en la XXII Asamblea y la nominación del candidato presidencial: el desgaste en todo ello no es menor.


En principio hay que recordar cómo llegó Ochoa a la sede nacional en Buenavista. En 2016 el Revolucionario Institucional perdió 7 de las 12 gubernaturas en juego; más allá del balance numérico entregó a la oposición cuatro estados en los que había gobernado de forma consecutiva durante 86 años: Durango, Quintana Roo, Veracruz  y Tamaulipas.

A nivel mediático, el liderazgo de Manlio Fabio Beltrones fue severamente golpeado por un joven líder panista, Ricardo Anaya; en el mediano plazo era claro que uno de los contendientes presidenciales sería Andrés Manuel López Obrador, quien acorde con su estilo, golpearía “un día sí y otro también” al partido y al presidente Enrique Peña Nieto.

Entonces la designación de Ochoa, por su figura, su estilo político y su trayectoria servía para los fines más inmediatos de un instituto a punto de enfrentar la decisión más relevante de cada 6 años.

Es así que durante sus primeros 100 días como presidente del PRI recorrió las 32 entidades federativas para establecer un diálogo con los militantes y simpatizantes de su partido. En ese tramo respondió cada polémica y “misil declarativo” que le enviaban sus oponentes desde PAN y Morena.


Una de las marcas de la gestión de Enrique Ochoa fue sin duda enfrentar con acciones puntuales los señalamientos de corrupción de algunos gobernadores emanados del partido. No se le puede escatimar que se expulsó al exgobernador tamaulipeco, Tomás Yarrington así como al veracruzano Javier Duarte de Ochoa, junto con algunos de sus colaboradores.​ De igual modo anunció la suspensión de los derechos partidarios del exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo​.

Tampoco se puede dejar pasar lo que para muchos era casi inconcebible:  la creación de una comisión anticorrupción, aprobada en octubre de 2016. Es la encargada de revisar los perfiles de quienes aspiren a ser candidatos por ese partido y dar seguimiento a los resolutivos de instituciones cuya competencia sea la rendición de cuentas públicas o de actos de corrupción.


En el plano meramente electoral, los números de Ochoa se pueden ver con un limitado optimismo o un descarnado pesimismo, a partir de su prueba de fuego que significaron las elecciones del 4 de junio de 2017:

- Conservó dos de sus bastiones históricos: Coahuila y Estado de México.

- Sin embargo el PAN le arrancó Nayarit.

- Con ello el PRI tiene 14 gubernaturas, la mitad de las que tenía en 1994.

- De esa manera gobierna de manera directa a poco más del 43 por ciento de los posibles votantes, o lo que es igual, solo a 37.2 millones de mexicanos en la lista nominal.

Por supuesto que columnistas y analistas tendrán que puntualizar si ese panorama es resultado de una inercia desde antes del actual sexenio, de esta administración o de las recientes dirigencias priistas.


Al paralelo de las luchas electorales, enfrentó una de las pruebas más duras para dirigencia priista reciente: llevar a cabo la XXII Asamblea Nacional donde se planteaban cambios de estatutos trascendentes, es decir, romper los “candados” para abrir la puerta a ciudadanos y simpatizantes externos para candidaturas a puestos de elección popular, lo que incluía la postulación presidencial. No está de más puntualizar que en esa reunión se aprobó que la mitad de las candidaturas sea para mujeres​ y que uno de cada tres cargos fuera para jóvenes.


Es así que Enrique Ochoa deja al PRI, en una contienda presidencial en la que su candidato José Antonio Meade rompió el “paradigma” de que solo militantes activos podían obtener esa postulación. Más allá de cifras y resultados de encuestas, no se puede escatimar lo complicado y difícil que han sido estos dos años para el tricolor con un riesgo constante de ruptura, lo cual a fin de cuentas no sucedió.

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Ochoa dice que candidatura pluri no le impide dirigir al PRI
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