El parteaguas

Dom 26 Mayo 2019 22:06

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La semana pasada marca un parteaguas en el gobierno del Presidente López Obrador por cinco razones:

1. Marca los límites del discurso de la austeridad, que llevada como un valor tiene efectos positivos pero tratada como única meta es contraproducente. La austeridad, ya se vio, puede matar al atar las manos al propio gobierno.

2. Detona nuevas oposiciones. Desde los afectados por los recortes del Instituto Mora hasta los directores de los prestigiados institutos de Salud, el gobierno sigue sumando voces críticas, muchas de ellas, por encima de sus habituales blancos a los que el presidente suele atacar.

3. Exhibe las contradicciones e inconsistencias en el discurso presidencial. ¿O cómo puede el gobierno  entregar una lista - la de los periodistas que recibieron publicidad oficial el sexenio pasado - y después negarla?, ¿cómo se pueden descongelar recursos que según el gobierno no habían sido recortados? La brecha entre las palabras del presidente y la realidad va creciendo.

4. Se intensifica el choque con la prensa. Como nunca, desde el arranque del sexenio, el gobierno tiene frente a si a muchos medios señalando problemas y tropiezos. Desde las investigaciones de fondo como Mexicanos contra la Corrupción, hasta los reportes de la prensa, la radio y la televisión sobre desabasto y problemas en múltiples hospitales.

5. Muestra la debilidad del discurso de la superioridad presidencial. Pues no han pasado ni seis meses y ya hay un superdelegado acusado de beneficiarse de contratos de gobiernos de Morena y una Secretaria de Estado cesada por retrasar un vuelo solo para que lo pudiera abordar. El acierto en el segundo caso - con la “renuncia sugerida” - no corresponde con la resistencia a investigar el primer presunto gran caso de corrupción de esta administración. En todo caso, muestra que el discurso de la ejemplaridad presidencial, como guía y recurso suficiente para tener un buen gobierno, es claramente insuficiente en un país que requiere mejores y nuevas instituciones y no discursos morales.

Cómo reaccionara el gobierno a esos nuevos movimientos, está por verse. Por un lado, hay rectificaciones que parecen mostrar sensibilidad, por el otro, un discurso reforzado de descalificaciones, alimentado por el presidente y sus fieles. Como sea, es claro que la luna de miel ya terminó y que estamos ya en una nueva etapa para esta administración.