Claudia Ivett García
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Foto: Notimex Sheinbaum y el fin de la transición de terciopelo
Jue 06 Diciembre 2018 18:52

Hace más de dos décadas que no escuchábamos un discurso tan crítico como el de Claudia Sheinbaum, durante su toma de posesión como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Parece que fue ayer cuando Miguel Ángel Mancera rindió protesta como Jefe de Gobierno en el 2012, en lo que fuera la “Asamblea Legislativa del Distrito Federal”. Fue una transición de terciopelo, y entre aplausos, reconocía la presencia de sus antecesores a dicho acto. El público asistente se puso de pie cuando Mancera destacó la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, quien fue aplaudido por extenso periodo. También reconoció a su antecesor Andrés Manuel López Obrador “y por supuesto al licenciado Marcelo Ebrard Casaubón, con quien inicié hace más de 10 años en el ejercicio del servicio público”. Eran otros tiempos.

Recordemos el 2006, cuando Marcelo Ebrard también reconocía a su antecesor, y cito: “afirmamos la plena vigencia del legado del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador que supo poner la prioridad de los pobres y construyó una autoridad al servicio de la justicia”. Ebrard, también reconoció a Alejando Encinas, de quien dijo: “Encabezó un gobierno prudente y eficaz y hay que reconocerlo, tuvo una gran responsabilidad para entregar buenas cuentas y preparar la transición del gobierno”.

Y si retrocediéramos en este ejercicio, encontraríamos a nuestro ahora presidente Andrés Manuel López Obrador, quien el 5 de diciembre del año 2000 declaraba: “Nos animan los logros alcanzados por el primer gobierno democrático del Distrito Federal, pese a los injustos recortes presupuestales y a la furiosa campaña en su contra, las gestiones del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas”. Estas palabras, las pronunciaba en presencia del entonces presidente Vicente Fox, con quien ostentaba marcadas diferencias ideológicas en materia de política económica.

Durante los últimos 20 años las transiciones fueron de mantequilla, entre militantes y simpatizantes del PRD. La reforma constitucional de 1996 que desapareció la figura de Jefe de Departamento del Distrito Federal creó las bases para la consolidación de la izquierda en la capital del país. Desde entonces, Cuauhtémoc Cárdenas (1997-1999), Rosario Robles (1999-2000), Andrés Manuel López Obrador (2000-2005), Alejandro Encinas (2005-2006), Marcelo Ebrard (2006-2012), Miguel Ángel Mancera (2012-2018) y José Ramón Amieva (marzo a diciembre del 2018) habían tenido una entrega – recepción protocolaria. Pero el cambió llegó.

La alternancia partidista se consolidó en la Ciudad de México y en consecuencia, esta vez el discurso estuvo permeado por la crítica de Claudia Sheinbaum hacia el gobierno antecesor.

La ahora Jefa de Gobierno, tras rendir protesta en una ceremonia que distó mucho de las que relato anteriormente, afirmó sin reparo alguno que “en los últimos años, vivimos el abandono del servicio público y la democracia, se estableció un modelo de desarrollo urbano desigual que privilegió la ganancia inmobiliaria sobre el interés público, que ahondó las desigualdades”.

Sin embargo, las acusaciones al gobierno encabezado por Miguel Ángel Mancera, apenas iniciaban. La primera mujer en ser electa como Jefa de Gobierno de la CDMX, prosiguió: “un gobierno que se dedicó al espionaje político, privilegió el interés clientelar y de grupos por encima de los derechos sociales, que utilizó la fuerza para reprimir al pueblo y regresó la corrupción, que provocó el abandono de los servicios públicos y el regreso de la inseguridad. Se traicionó el camino de la democracia y se olvidó el sentimiento de los ciudadanos”.

Si, en definitiva la Jefa de Gobierno llegó con un discurso crítico y contundente, pero de la crítica a la entrega de resultados, le queda un largo camino por recorrer. Por el bien de millones de habitantes en la CDMX y estados aledaños, es deseable que sus estrategias de seguridad, bienestar, salud, educación y demás compromisos, sean alcanzados. El tiempo nos dirá si para el 2024 el sucesor de este cargo, lanza flores o críticas contundentes.

¿Democracia a sillazos?