¿Voto útil? ¡Ya basta de manipulaciones!

Claudia Ivett García

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Claudia Ivett García

Mié 02 Mayo 2018 23:25

El voto útil, es fácil de entender, pero complicado de asimilar. ¿Su definición? Muy sencilla. El voto útil es el que se emite por un candidato distinto al propio, cuando este ya no tiene posibilidades de triunfo. ¿Será el voto útil definitorio en esta elección presidencial? Analicemos. 

Para entender el concepto de “voto útil” es necesario que reflexionemos primerio sobre qué es el voto y lo que representa para la sociedad mexicana. 

El voto es un acto cargado de significados, que hasta antes de 1988 no se estudiaban, debido a que la hegemonía partidista del PRI no permitía una verdadera contienda ideológica que luchara por ganar ese voto en las urnas. ¿Para qué entender y analizar el voto, si todos ya sabían el resultado que habría en las urnas? Sin embargo,  tres décadas después es indispensable entender la psicología del voto

Votar, es un acto que refleja las costumbres, hábitos, preferencias, filias y fobias políticas de cada individuo. Votar es un derecho que nos ha costado décadas de lucha civil e ideológica. En pleno 2018, la psicología del voto es un acto sumamente estudiado por los equipos de campaña de los candidatos. La tipología del electorado, a través de la cual se clasifica e identifica a los votantes, también resulta información indispensable para las fuerzas políticas, y se determina a través de datos como el nivel socioeconómico, nivel académico, si los votantes viven en zonas urbanas o rurales, género, edad, ocupación, etc. 

Ahora, también se debe entender el concepto de “militancia” en vías de posteriormente entender el voto útil, puesto que la militancia será quien deberá teóricamente traicionar sus ideales para ejercer el voto útil; por ello, ¿cómo entender el concepto de militancia? 

En la Europa de finales de la Primera Guerra Mundial, la actividad de los partidos políticos clasificó a sus seguidores en tres niveles: simpatizantes, miembros y militantes. Estas categorías implican diversos grados de vinculación entre los individuos y el partido. 

Son simpatizantes quienes, no siendo afiliados, manifiestan permanentemente su acuerdo con el partido y con su línea política, votan por sus candidatos, leen su prensa y asisten a sus manifestaciones públicas. Ser simpatizante va más allá de ser elector, es reconocer una inclinación política hacia el partido, defenderlo de sus detractores e incluso en algunos casos contribuir económicamente a su fortalecimiento. 

El miembro del partido es quien se ha adherido formalmente a él y consta en sus registros, es decir, quien está vinculado por filiación y ¡muy importante! mantiene un formal compromiso de fidelidad con él. 

El militante, es el que trabaja intensa y permanentemente en favor del partido. Sobre él recae el peso de la actividad partidista. Asiste regularmente a sus reuniones, ejecuta las consignas impartidas por los dirigentes, difunde la propaganda, busca adeptos y trabaja en las campañas electorales. El militante es un animal político permanentemente dispuesto a entregar su esfuerzo al partido. 

Ahora, volvamos al “voto útil” y vamos a la historia en México. Este término se escuchó por primera vez en suelo azteca en el año de 1988, y los principales actores políticos en el tablero eran Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas, ambos en busca de la presidencia de México. 

La utopía perseguida era evitar que Carlos Salinas de Gortari llegara a la presidencia; fue así como Heberto Castillo decidió declinar su candidatura presidencial a favor del Frente Democrático Nacional, con la declaración que a continuación rescato de la historia política de nuestro país: 

“No es hora de personalismos, como revolucionarios de toda la vida tenemos la sensibilidad para percibir la demanda generalizada de los trabajadores que nos piden unir fuerzas para abrir paso a la nueva vida de la nación. En mi campaña electoral, he comprobado el crecimiento de esa demanda, es necesario responder a ella con la unidad de las fuerzas democráticas de México... no se trata de cualquier unidad, sino de aquella que responda claramente al anhelo democrático de los mexicanos, unidad con rumbo y compromiso, es el sentimiento sincero del Partido Mexicano Socialista que nació de la misma, la raíz a la cual estoy seguro interpretar en esta propuesta de alianza con la corriente y con su candidato a la presidencia de la república Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano”. 

Fue este el mensaje de “voto útil” que escucharon millones de mexicanos para fortalecer un proyecto que finalmente no llegaría a los pinos. 

Y ahora que están claros los conceptos y la historia, entendamos lo que significa hablar de “voto útil” en estos momentos de la campaña presidencial. 

¿Prematuro? Apenas va un mes de campaña, inicia el segundo mes y sin embargo yo creo que más bien la petición del voto útil era algo predecible y hasta lógico. La petición del “voto útil” es una práctica arraigada en las contiendas políticas a nivel mundial y como lo vimos anteriormente, anidada en la práctica mexicana. 

Sin embargo ¿es legal? Actualmente nuestra constitución política y nuestras leyes electorales, dan un margen de acción para que los candidatos soliciten el voto útil como parte de su libertad de expresión. Tanto el artículo 6 constitucional que defiende la libre manifestación de ideas como el artículo 242 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales que detalla las prerrogativas de expresión y propaganda electoral, permiten el llamado al voto útil; así que si, es legal. 

Ahora cabe preguntarse ¿es ético? Veamos,  como lo expliqué anteriormente, el simpatizante, miembro o militante de un partido político, defiende ideales y una plataforma política basada en los estatutos de cierta institución política; ¡vaya! le están pidiendo al elector con el famoso “voto útil” que aplique el “one-night stand” y se vaya a la cama, ¡perdón!… y que por única ocasión vote por alguien que no le gusta, que no lo convence, que no piensa como él, bueno ¡que incluso podría representar todo aquello en lo que no cree! 

Pero entendamos a los candidatos un poco, porque en este tiempo en el que los partidos políticos ya están corruptos y corrompidos, en este tiempo en que alianzas y coaliciones de todas maneras ya juntaron el agua con el aceite y que ya no saben ni que ingredientes le pusieron a la horchata, ¡pues qué más da pedirle al elector votar por aquello en lo que no cree! 

En un país que ha dejado de creer, en un país en que los mexicanos nos sentimos usados por la política, pedir el voto útil no es solo una equivocación sino podría ser una burla a los derechos político electorales de los votantes. Hoy los mexicanos pedimos a gritos que no se nos utilice más. El voto no puede ser útil para los fines de un candidato o de un proyecto personal, el voto debe ser útil para el elector y por lo tanto para el país. ¡Que ya dejen los políticos de intentar utilizar a los votantes! El voto es una decisión personal y es hora de que nosotros seamos quienes utilicemos a los políticos para que por una vez cumplan con los Planes Nacionales de Desarrollo, con sus propuestas de campaña y con todo aquello que prometen hacer y que dejan inconcluso administración tras administración. 

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