Hannia Novell
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De la solidaridad al salvajismo
Vie 06 Octubre 2017 21:29

Se acabó la tregua. Durante las últimas semanas, los mexicanos protagonizaron escenas de solidaridad que son ejemplo para cualquier país.

Sin importar su edad, sexo o condición económica, miles de personas salieron a las calles teniendo como única herramienta su fuerza y su voluntad. 

Todos se unieron en una sola causa: la remoción de escombros para tratar de localizar entre las ruinas algún signo de vida y el traslado de todo tipo de apoyos para los damnificados.

Fue algo conmovedor, digno de un gran pueblo como el nuestro. 

Sin embargo, y a pesar de que en algunos puntos específicos de la capital del país y de los estados de México, Morelos, Puebla, Oaxaca o Chiapas, continúan las imágenes de los estragos que provocaron esos movimientos telúricos, poco a poco, todo vuelve a la normalidad.

Y esa normalidad no es nada grata. Este viernes 6 de octubre, por la mañana, nos enteramos del descubrimiento del cadáver del fotoperiodista Édgar Daniel Esqueda en las inmediaciones del aeropuerto “Ponciano Arriaga” de San Luis Potosí.

Un día antes, Esqueda Castro había sido sacado con violencia de su domicilio por un grupo de hombres armados y 24 horas después se localizó el cuerpo de una persona maniatada. La Procuraduría General de Justicia del Estado confirmó que el cadáver correspondía al del periodista gráfico.

Esa noticia nos devolvió a la “normalidad” descrita por el Centro de Protección a Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), al señalar a México como “uno de los países más peligrosos para los periodistas en el mundo”.

El fotógrafo que cubría la nota roja y espectáculos para los sitios locales Metrópoli San Luis y Vox Populi, se convirtió en el séptimo colega asesinado en lo que va del año, el 37 en el sexenio de Enrique Peña Nieto, y en el número 110 de los ejecutados desde el año 2000 a la fecha, de acuerdo con datos de la organización Artículo 19.

Ese mismo día, Stalin Sánchez Gutiérrez, alcalde de Paracho, Michoacán, fue asesinado a tiros cuando salía de su domicilio particular.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, el presidente municipal fue ejecutado por un grupo de hombres armados no identificados que dispararon contra el funcionario, sin mediar palabra.

Sánchez Gutiérrez, de extracción perredista, tenía dos años en el cargo y aún le faltaban nueve meses para que concluyera su mandato.

El gobernador Silvano Aureoles dio instrucciones a los titulares de la Procuraduría y de la Secretaría de Seguridad Pública de la entidad, para atender el homicidio de manera personal, y aseguró que “no habrá impunidad”.

Esa otra noticia nos remite también a otra “normalidad”: a la del crimen organizado ejecutando a funcionarios y representantes populares que rechazan sobornos. 

En la última década han sido asesinados al menos un centenar de presidentes municipales en funciones, electos o que han dejado el cargo, según un estudio de la Asociación Nacional de Alcaldes (ANAC).

Los casos se han registrado en localidades donde grupos del crimen organizado imponen su ley. Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Veracruz son los estados de mayor riesgo, según da cuenta la organización.

Durante la presente administración, el número de víctimas ha ido a la alza pues de 2013 a la fecha han sido ultimados 51, mientras que en el sexenio de Felipe Calderón fueron asesinados 49.

Es así como, de manera paulatina, el país vuelve a su triste realidad de violencia, corrupción e impunidad. Y las escenas de solidaridad dan paso a las del salvajismo, triste pero inexorablemente.