Hannia Novell
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Foto: Misael Valtierra / Cuartoscuro

El reto de dejar de ser oposición

Sáb 21 Julio 2018 11:29

En el año 2000, Vicente Fox Quesada puso fin a la era del partido hegemónico. Aquel domingo 2 de julio, el candidato presidencial de la Alianza por el Cambio (PAN-PVEM) obtuvo el 42.52 por ciento de los votos. Llegó a Los Pinos con un enorme bono democrático… y lo desperdició de forma infame. El guanajuatense prometió el cambio y en los hechos sólo hubo gatopardismo.

Guardadas las proporciones, hoy México se enfrenta a un escenario similar. Luego de dos intentos fallidos, Andrés Manuel López Obrador se alzó con la victoria. Y no sólo eso: se convirtió en el presidente más votado en la historia democrática de este país. Y de ese tamaño es su responsabilidad.

Por ende, no puede darse el lujo de la equivocación. A los pocos días de su triunfo surgieron algunas confusiones. La primera fue la que generó el domingo 15 de este mes Loretta Ortiz, coordinadora del Consejo Asesor para Garantizar la Paz, al asegurar que el papa Francisco había aceptado participar en los foros donde se discutirán los términos de un Pacto de Reconciliación Nacional.

La pifia fue de tal grado que el vocero de El Vaticano, Greg Burke, tuvo que salir a desmentirla. “La noticia de que el Santo Padre participará en esta conferencia no tiene fundamento”, dijo. 

Y sí, no podría aceptar cuando no existía una invitación formal. Fue el lunes 15, después de la aclaración internacional, cuando se entregó la solicitud formal a través de la Nunciatura Apostólica.

La segunda me recordó aquella famosa frase de Fox Quesada quien prometió resolver el conflicto chiapaneco en 15 minutos, sin que pudiera hacerlo en todo su sexenio. 

En este caso, el responsable de la pifia fue el padre Alejandro Solalinde, director del albergue “Hermanos en el camino” de Ixtepec, Oaxaca, quien anunció el lunes 16 que al día siguiente entregaría una carta al Ejército Zapatiista de Liberación Nacional (EZLN), para proponerle un primer diálogo.

El grupo rebelde emitió un duro comunicado en el que desmentía que hubiera aceptado un diálogo con el virtual presidente electo o alguien de su equipo.

Es más, en el texto señalaba que del padre Solalinde no ha recibido “nada más que mentiras, insultos, calumnias y comentarios racistas y machistas“, en referencia a lo que dijo el católico comentó en una entrevista sobre que algunos “asesores” del movimiento “pareciera que están administrando el zapatismo“.

La última controversia es quizás la más grave: en el último día de sus vacaciones consideró como una “vil venganza” la multa por 197 millones de pesos que le impuso el Instituto Nacional Electoral (INE) a Morena por el Fideicomiso “Por los demás” para ayudar a los damnificados por los sismos de septiembre de 2017.

El organismo electoral recordó que las aportaciones en efectivo están prohibidas y presentó videos y fotografías donde se observa, con diferencia de minutos, los depósitos que se hicieron y luego los retiros a través de cheques de caja que hicieron militantes de ese partido.

Los morenistas han reconocido que ellos crearon ese fideicomiso, pero a título personal por lo que nada tiene que ver el partido y, por ende, la multa en su contra es injusta.

El futuro mandatario ya advirtió que impugnarán el fallo ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que tendrá la última palabra. Pero, ¿valía la pena la descalificación? ¿Por qué querría el INE vengarse? 

Andrés Manuel López Obrador debe ser sumamente cuidadoso con el manejo de toda su información y evitar crear este tipo de frentes. Debe aprender a dejar de ser oposición y a asumir que ahora, con hechos, debe evitar la tentación de incurrir en todas las prácticas que prometió combatir en sus tres campañas.

El primer gobierno de izquierda en México no puede, no debe convertirse en una nueva mafia del poder.