Hannia Novell
Delegación Cuauhtémoc, primer lugar en robos, expone el Observatorio Ciudadano
El robo de la dignidad y de la identidad
Vie 09 Junio 2017 23:16

Era la noche de un domingo; en realidad no tan tarde, algo así como las 20:45 horas. Viajaba en su auto junto con su esposa y dos sobrinas de 6 y 14 años. Ese día hizo mucho calor, así que llevaba las ventanillas de las ventanas medio abiertas.

Circulaban por Eje 5 Sur, entre Calzada de La Viga y Las Torres. Les tocó un semáforo en rojo. Conversaban cuando, de repente, dos sujetos, a pie, les llegaron por ambos lados del vehículo.

Metieron sus brazos por los cristales y los amenazaron con pistolas. “¡A ver hijos de la chin… ya los cargó la ver… Presten celulares, carteras, todo lo de valor”.

Fue cuestión de segundos. El semáforo seguía en rojo y delante de ellos había otro auto. La esposa se agachó para aventarles su bolsa que estaba en el piso del carro. En eso, el sujeto le dio un cachazo en la cabeza e hizo lo mismo con la adolescente, pegándole en la frente.

Había llantos, gritos. Seguramente los vehículos que estaban al lado se dieron cuenta de la escena. El conductor que estaba adelante, huyó. Él no dudó y arrancó. No lo pensó en ese momento. Hasta después reconoció que les pudieron haber disparado.

Metros adelante, se detuvo. Él no se había dado plenamente cuenta de la agresión. Se asustó cuando su mujer le mostró la mano ensangrentada luego de tocarse la nuca. Lo peor fue ver a la sobrina pues la herida en la frente hizo que todo su rostro estuviera cubierto de sangre. La más pequeña de la familia temblaba de miedo y no dejaba de llorar.

Al paso de los días pude platicar con él. Me dijo que por fortuna, las heridas no eran tan graves y ameritaron unos cuantos puntos. Sin embargo, aceptó que lo más difícil era tratar de superar el trauma. A partir de entonces, ya no viajan con los vidrios abajo, por mucho calor que haga. Ocultan bolsas, celulares, carteras y cualquier objeto de valor.

Por desgracia, este tipo de escenas son cada vez más frecuentes. Y la afectación es pareja: artistas, periodistas, trabajadores de empresas públicas y privadas, estudiantes y hasta niños. El hampa no discrimina.  

La actriz Betty Monroe relató: “Me asaltaron en Mixcoac, me pusieron la pistola en la cabeza y me quitaron mi cadena y mi bolsa, todas mis tarjetas las tuve que cancelar y pues nada, estamos muy tristes y nos tuvimos que regresar al teatro”  .

El periodista Javier Risco tuiteó: “Acompáñenme a ver esta historia llena de VIOLENCIA, ARMAS, POLICÍAS INEPTOS E IMPUNIDAD. [Crónica de (MI) asalto en la CDMX]” .

El Observatorio Nacional Ciudadano reveló que al comparar el primer trimestre de 2017 con el mismo lapso del año anterior, hay un incremento de 29 por ciento en los homicidios dolosos; de 12.5 por ciento en los homicidios culposos; de casi el 20 en los secuestros del fuero federal y común; de casi el 30 por ciento en las extorsiones; y de un 30 por ciento en los robos con violencia y a transeúnte.

¿Qué dicen las autoridades? El jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, reconoce un incremento en los índices delictivos pero lo atribuye a la entrada en vigor del nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio (que el 18 de este mes cumplirá un año), al que calificó de “laxo” e “hipergarantista”.

Según él, 12 mil reos de cárceles capitalinas han quedado en libertad gracias a él y continúan con su actividad ilícita. Más delincuentes en las calles = más delitos, es la fórmula con la que Mancera Espinosa justifica el crecimiento de los índices criminales.

Independientemente de las causas a las que se pueda atribuir este aumento en los delitos en la Ciudad de México, lo más grave son los efectos que deja en las víctimas.    

En cada asalto, las personas no solo pierden objetos materiales. El terror, la impotencia, la frustración hace que a las víctimas también se les robe algo de dignidad.

Y cuando les quitan identificaciones, tarjetas de débito y crédito, credenciales del trabajo o de la escuela, también se apoderan de datos como el domicilio. Se convierten en rehenes de los delincuentes que saben dónde viven, trabajan y estudian. Si hay denuncia, se pueden vengar.

No podemos permitir que nos sigan robando nuestra identidad y nuestra dignidad.