Hannia Novell
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¿La remilitarización de Latinoamérica?

Lun 18 Noviembre 2019 04:00

Inestabilidad y crispación social, instituciones debilitadas y malestar con la política son algunos de los signos que comparten los países de la región. No hay duda: Latinoamérica está en crisis.

Quienes se creyeron dueños y amos de las Naciones atentaron durante décadas contra la vida y la integridad física de las personas. Con autoritarismo y un control político sin contrapesos, cancelaron los derechos y las libertades individuales. 

La tiranía en el Continente dejó un saldo de sangre, dolor y muerte. Heridas abiertas e historias de vida truncadas por quienes sin turbación ni vergüenza provocaron miles de muertos, desaparecidos, torturados y presos políticos.

En la década de los 80, cuando los pueblos participaron jubilosos en la elección de sus gobernantes, los votos y las urnas sustituyeron a las balas y a la violencia. La conclusión era unánime: las dictaduras latinoamericanas habían sido desterradas.

Los pueblos de todos los países, desde México hasta el Polo Sur, pusieron todas sus ilusiones, sueños y esperanzas en la democracia. Así es como lograrían, creyeron, abatir la pobreza y desigualdad, el desempleo y los bajos salarios. Los ciudadanos, por fin, tenían voz y voto.

Terminó el siglo 20 y el hambre, las enfermedades y la ignorancia prevalecían en muchos países de la región. Las expresiones políticas proliferaron, los partidos y organizaciones sociales se abrieron paso para conseguir la alternancia en el poder, pero la desigualdad social -como la corrupción y el influyentismo-, crecieron de manera desenfrenada.

Olvidaron que la democracia es sólo un sistema de gobierno. Hoy por hoy, los países latinoamericanos siguen enfrentando el reto de la pobreza extrema, la falta de educación, servicios de salud, empleos dignos y oportunidades de desarrollo sin privilegios ni exclusiones. La democracia no resolvió los grandes problemas de la región latinoamericana y debe enfrentar nuevos fenómenos: la inseguridad pública, el crimen organizado, la migración, el odio, la intolerancia y la polarización social. 

América Latina vive una fatiga democrática y resulta riesgoso el protagonismo que han adquirido las fuerzas militares. 

En Ecuador, el presidente Lenin Moreno usó las Fuerzas Armadas para acallar las protestas sociales provocadas por la eliminación de los subsidios a los combustibles; en Perú, Martín Vizcarra se rodeó de los militares cuando disolvió el Congreso y convocó a nuevas elecciones legislativas para enfrentar la oposición de los simpatizantes de Keiko Fujimori.

En Chile, Sebastián Piñeira ha utilizado a Los Carabineros para resguardarse en La Moneda, la sede del gobierno, y decretó el estado de emergencia para justificar la participación de los militares en la represión de los manifestantes que exigen pensiones dignas para la jubilación de los trabajadores y dar marcha atrás al aumento en los precios del transporte público.

Brasil y México, utilizan a los militares para combatir el crimen organizado y desmantelar los cárteles del narcotráfico. En suma, los gobernantes latinoamericanos han optado por la vía militar para enfrentar la inestabilidad política y, por lo tanto, el fantasma de las dictaduras militares deambula amenazante por los países de la región.

Toca a ciudadanos, organizaciones sociales, empresarios y líderes políticos defender la democracia de manera activa y proactiva, reconducir los problemas de manera pacífica y a través de mecanismos democráticos.

La militarización siempre conduce a la violencia