Hannia Novell
amlohannia_notas13080618.jpg
Preparan al tigre
Vie 08 Junio 2018 22:15

En la campaña presidencial de 2006 se lanzaron una serie de spots contra Andrés Manuel López Obrador. Diseñados por el consultor Antonio Solá, quien asesoró a los ex presidentes del gobierno español, José María Aznar y Mariano Rajoy, la idea central de los mensajes era identificar al tabasqueño como “un peligro para México”.

Fueron efectivos. La idea caló y reafirmó el rechazo del sector empresarial, de las clases medias y de los electores indecisos, quienes decidieron no dar su voto al entonces perredista. Como todos sabemos, por un mínima diferencia (el famoso 0.56 por ciento) Calderón Hinojosa logró colocarse la banda presidencial.

Pero en esta historia hay algo que no debemos perder de vista. Los días que siguieron al domingo 2 de julio fueron aciagos. López Obrador y sus huestes desconocieron el resultado de la elección, la impugnaron ante el Tribunal Federal Electoral y pusieron en marcha una “resistencia civil pacífica”.

Una resistencia que fue todo menos civil ni pacífica. El domingo 30 de julio de ese año, López Obrador dio la orden a los miembros de la coalición Por el bien de todos para perforar con estacas y mazos el pavimento de Paseo de la Reforma, bajo la anuencia de las autoridades capitalinas, encabezadas por Alejandro Encinas.

Así, improvisaron casas de campaña que se mantuvieron en la vialidad, desde la Fuente de Petróleos hasta el Zócalo, durante 47 días. La Cámara Nacional de Comercio (Canaco) estimó pérdidas a 35 mil empresas por 7 mil 796 millones de pesos, ya que los negocios vieron mermadas sus ventas hasta en un 60 por ciento, y al menos 3 mil 900 personas perdieron sus trabajos.

Todo este recuento viene a cuento porque el fantasma de la resistencia (in)civil(izada) y (nada)pacífica, vuelve a amenazar al país. Envalentonada por el anuncio de que la Reforma Educativa será derogada, la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) ha vuelto por sus fueros y ha estrangulado durante la última semana a la Ciudad de México.

La Reforma Educativa, con todas las críticas que se le puedan hacer y los ajustes en su implementación, representa el fin de muchas prácticas nocivas que caracterizaron al sistema educativo por décadas. 

Entre ellas, que las plazas ya no se heredan ni se venden; la evaluación como único método para acceder a esas plazas y para conseguir ascensos en el escalafón; la capacitación permanente para garantizar la profesionalización del personal, y el no uso clientelar de las cuotas sindicales de los maestros con fines electorales.

Eso es lo que hoy está bajo amenaza. La “disidenciamagisterial quiere recuperar todos esos privilegios y por ello ha expresado su apoyo absoluto a la causa lopezobradorista. Y el abanderado de la coalición Juntos haremos historia, no ha tenido empacho en refrendar que, en un eventual gobierno que encabece, una de sus prioridades será la cancelación de esos cambios.

La incorporación a su equipo de campaña de Fernando González, ex subsecretario de Educación Pública, y de René Fujiwara, para más señas, yerno y nieto de Elba Esther Gordillo, hablan de que con tal de obtener los votos de esos grupos, está dispuesto a cumplir su amenaza de abolir la primera reforma estructural que alcanzó la administración de Enrique Peña Nieto.