Hannia Novell
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A un año de la madre de todas las batallas electorales
Vie 07 Julio 2017 22:42

Estamos a unos 360 días de una de las elecciones presidenciales más complejas en la historia reciente del país. Razones para hacer esa afirmación, sobran.  

Si asumimos lo ocurrido el 4 de junio como una especie de laboratorio electoral del 2018, tenemos que las prácticas consideradas como cosa del pasado (la compra y coacción del voto; la manipulación de las cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares –PREP-, y de los conteos rápidos), siguen plenamente vigentes.

La sombra del fraude que todos creíamos desterrada, se cierne nuevamente sobre el 2018 y pone en entredicho el papel de las autoridades electorales. Es un hecho que a nivel local, los gobernadores mandan sobre los institutos estatales y que el INE, bajo el mando de Lorenzo Córdova, ha preferido no intervenir a pesar de los señalamientos de “elecciones de Estado”.

Si la amenaza del fraude es real y la autoridad electoral encargada de evitarlo está en entredicho, México enfrentará un escenario por demás complejo el 1º de julio del próximo año.

Pero hay más. También con base en las cuatro elecciones estatales de hace un mes, se concluye que los triunfos son producto de minorías. Alfredo del Mazo en el Estado de México, y Miguel Riquelme en Coahuila, gobernarán apenas con el 15 por ciento de los votos de los ciudadanos, lo que les resta legitimidad.

El ex líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones lo ha advertido: coaliciones o colisiones. Es decir, se requieren gobiernos de coalición que den margen de maniobra a los gobiernos. De lo contrario, los riesgos de parálisis y de ingobernabilidad son muchos.

Otro peligro es la búsqueda del poder por el poder mismo. Los líderes nacionales del PRD y del PAN, Alejandra Barrales y Ricardo Anaya, respectivamente, han anunciado la intención de crear un Frente Amplio Democrático.

Mezclar agua con aceite no es necesariamente la mejor opción y demuestra que a esos dos partidos solo les mueven dos objetivos: sacar al PRI de Los Pinos y evitar la llegada de Andrés Manuel López Obrador.

La oferta sería interesante si se aglutinara a sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, académicos y demás sectores en la construcción de una plataforma de gobierno cuyo objetivo fuera la transformación del régimen a uno plenamente democrático, que tuviera como fin el combate frontal a la corrupción, uno de nuestros grandes males.

El Pacto de la Moncloa, en España, podría ser un magnífico ejemplo a seguir. Pero para ello se requiere altura de miras y una visión de Estado, no el cortoplacismo y el pragmatismo con el que operan nuestros partidos y políticos.  

Además, en el supuesto de que fructificara esa alianza: ¿quién la encabezaría? Se ve muy difícil que Margarita Zavala acepte que el candidato de ese Frente fuera Anaya Cortés. Y más difícil que los perredistas votaran por alguno de los dos.

¿Estaría el PAN dispuesto a abanderar a un personaje como Miguel Ángel Mancera, quien inmediatamente se autonombró como el autor de esa iniciativa y como el eventual candidato de ese frente?

Una imposición cupular en esos dos partidos es garantía de fractura interna. 

El partido de Enrique Peña Nieto tampoco la tiene fácil. Es claro que el primer priista del país quiere designar a su sucesor y que esto ya desató la guerra interna. Rumbo a la XXII Asamblea Nacional, sectores dentro del tricolor se oponen a la eliminación de los candados que exigen un tiempo mínimo de militancia para el abanderado presidencial. 

¿El PRI acatará la decisión de un mandatario que es reprobado por el 74 por ciento de la población, de acuerdo con una encuesta de GEA-ISA?

Por donde se vea, en 2018 viviremos la madre de todas las batallas electorales que, desde hoy podemos anticipar, será por todos los factores expuestos, de las más complejas de la historia de nuestra incipiente y frágil democracia.