Maru de Aragón
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g1.globo.com

Destrucción de la Amazonia y el papel de la ultraderecha nacionalista

Vie 30 Agosto 2019 18:00

En plena emergencia  global  provocada por los incendios en la Amazonia,  la selva tropical más grande del mundo, el prestigiado diario inglés Financial Times advierte en un artículo titulado  “Cambio Climático: Populismo contra Acuerdo de París”, que  los dirigentes populistas de derecha  se han convertido en una amenaza en la lucha por la preservación del planeta.  

Por su parte, el Oxford Research Group indica que, hasta ahora, los medios han prestado muy poca atención a los vínculos entre el populismo y el escepticismo en torno al cambio climático.  Señala que aunque la principal preocupación de la mayoría de los populistas de derecha es la migración, también es evidente su hostilidad hacia las políticas diseñadas para abordar el calentamiento global. 

Y esto es precisamente lo que hemos visto en los últimos días: los presidentes de Estados Unidos (EU) y Brasil, Donald Trump y Jair Bolsonaro han declarado que, en sus agendas, primero está la explotación de los recursos de sus naciones  y luego la conservación del planeta. En la reciente Cumbre del Grupo de los 7 (G-7), celebrada en Francia, Trump se negó a asistir a una reunión del grupo de las naciones más ricas y poderosas del mundo  (EU, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Japón y Reino Unido )  enfocada en los temas del clima, la biodiversidad y la salud de los océanos. 

En conferencia de medios declaró que su principal prioridad será mantener la riqueza del país y no  perjudicar esa prosperidad con iniciativas relacionadas con el clima.  “EU tiene una riqueza tremenda que está debajo del suelo. Yo estoy haciendo que cobre vida.  Actualmente somos el productor de energía  número 1 en el mundo, dijo. “No voy a perder esa riqueza, no voy a cambiarla por  un “montón de sueños y molinos de viento que, francamente, no están dando buenos resultados”. 

Pese a todo, Trump declaró al término de esta Cumbre  que él es un “ambientalista” y  que sabe mucho más del medio ambiente que la mayoría de la gente  Sin embargo, sus acciones dicen todo lo contrario: su administración  no solo abandonó el Acuerdo de Paris sobre Cambio Climático, firmado por cerca de 200 países,  sino que  ha dado marcha atrás a protecciones ambientales puestas en marcha por su antecesor, Barack Obama y ha debilitado la Ley de Preservación de Especies en Peligro de Extinción. 


En esa reunión a la que Trump se negó a acudir, los dirigentes del G-7 discutieron los incendios en la Amazonia, una vasta región en la parte central y septentrional de América del  Sur que cubre el 25% de la superficie del continente americano y es el mayor bosque tropical del mundo con 7 millones de kilómetros cuadrados compartidos por  Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, la   Guyana francesa y Surinam.  Dos tercios de esta selva tropical  están en Brasil. Se le conoce como el Pulmón del Planeta; es un ecosistema vital para frenar el cambio climático debido a que es un regulador del clima. En la Cumbre  abundaron las acusaciones contra el presidente brasileño Jair Bolsonaro por haber relajado las políticas de protección ambiental y recortado en 25% el presupuesto del Ministerio del Medio Ambiente. 

El dirigente brasileño denunció a los dirigentes europeos por tratar a su país como una colonia. No obstante, el  hecho es que desde que Bolsonaro asumió el poder, en enero pasado,  se ha disparado la deforestación. Según información del Instituto Nacional de Investigaciones Especiales de Brasil, entre enero y agosto de este año se ha registrado un aumento del 83% en los incendios forestales, comparando con el mismo período del año pasado. Es la cifra más alta desde el 2013. La plataforma MapBiomas Amazonia señala que, en los últimos 17 años, la Amazonia  ha perdido cerca de 30 millones de hectáreas. Solo Brasil  ha perdido  casi 23 millones de hectáreas. Los científicos advierten que  el calentamiento global, el aumento de las temperaturas en esa región y los incendios podrían provocar que esta densa selva tropical se convierta en una llanura.
El NYT explica  que durante las décadas de 1980 y 1990 la Amazonia comenzó a encogerse gradualmente a medida que los agricultores, mineros y madereros destruían vastas zonas para sembrar, criar ganado o vender  madera y terrenos. 

El “boom” de las materias primas en  la década pasada frenó de golpe los avances logrados en la protección de la selva amazónica. La deforestación legal e ilegal alcanzó  su punto crítico en el 2012 empujada por la creciente industria agrícola y el  poder político de los latifundistas en el Congreso.  El panorama se complicó hacia el 2014 cuando la crisis económica  obligó  a miles de desempleados a buscar sustento en la selva.
“Pese a la catástrofe, Bolsonaro, al igual que su mentor, Trump, ha dado a entender que el desarrollo de  Brasil pasa por la deforestación y favorecer a las industrias agrícola, ganadera y maderera”, señala Greenpeace. 

Con estas promesas,  Bolsonaro ganó el 52% del voto en los estados del norte que rodean la selva en las elecciones del año pasado.
 El  Financial Times indica que el aumento del populismo de derecha desde Europa hasta América Latina y Asia ha  debilitado mucho el Pacto de París, considerado por muchos como vital para salvar al planeta. Se necesita una respuesta global para abordar  este grave problema  que se ha convertido ya  en una cuestión ideológica. El reto es enorme  debido a que una de las principales características de este populismo  es el rechazo a la globalización y los acuerdos multilaterales. 

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