Maru de Aragón
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Foto: Político.mx La retórica de odio convertida en masacre de hispanos
Vie 09 Agosto 2019 20:57

“La política de la violencia por armas de fuego en Estados Unidos sigue un patrón predecible en la mayoría de los casos: furiosos llamados  para que se actúe por parte de la izquierda; sombríos gestos de simpatía por parte de la derecha; una triste declaración presidencial a partir de un texto preparado y luego, en cuestión de días o incluso horas, el país da vuelta a la página para centrarse en otros asuntos”. Sin embargo, dice el New York Times,  después de las masacres ocurridas en menos de 24 horas,  la primera  por un supremacista blanco  contra la comunidad hispana en El Paso, Texas, con un saldo de 23 muertos, 8 de ellos mexicanos y la segunda  en Dayton, Ohio, con  9 muertos,   el mundo político  de EU se ha lanzado  a una confrontación mucho  más abierta  en torno  a la retórica racista del presidente Donald  Trump y las armas de fuego. Tras el sangriento ataque, Trump se apresuró a condenar la supremacía blanca, el racismo y  la intolerancia pero se abstuvo de pedir nuevas y estrictas normas para regular el uso de las armas de fuego. Dijo que las enfermedades mentales son las responsables de las matanzas.

El derecho a poseer y portar armas está consagrado en la Segunda Enmienda de la Constitución de EU desde el 15 de diciembre de 1791. Sobre este derecho, el periodista  español Alberto Rojas, del diario El Mundo  explica que el texto se redactó  en plena fundación  de EU, cuando no existía el Estado y  la seguridad estaba en manos de ejércitos privados,  grupos de autodefensa o milicias;  “cuando con un mosquetón en una mano y la Biblia en la otra, millones de colonos europeos fueron adentrándose en el Oeste americano”. Rojas recuerda que en esa época, solo existían pistolas de un solo disparo; no eran armas muy precisas. 

Ahora, dice el periodista, en las masacres de Texas y Ohio,  se utilizaron rifles de asalto  tipo militar –la AK47 y la AR15- con una cadencia de tiro de hasta 600 disparos por minuto  y que se pueden comprar sin ningún problema  gracias a esta Segunda Enmienda  que regulaba la tenencia de mosquetones de un disparo en la América del Norte de hace 3 siglos. Esta reflexión lleva a otra, publicada  por el New York Times (NYT) y que podría convertirse en el meollo del actual debate sobre las armas: ¿no habrá llegado el momento de actualizar la Segunda Enmienda debido al cambio radical que han sufrido las armas de fuego en los últimos 300 años?

Expertos como  Jeffrey Rosen, profesor de Derecho de la Universidad George Washington y Jack Rakove, profesor de Ciencia Política  la Universidad de Stanford, señalan que “este debate ha sido y seguirá siendo muy intenso debido a que los estadunidenses difieren en  si la prohibición de armas de asalto es constitucional y están en desacuerdo sobre cómo se debe  interpretar la Constitución: si a la luz de términos históricos o de las nuevas tecnologías”.

En ambos casos, los dos jóvenes supremacistas blancos utilizaron rifles de asalto con cargadores de gran capacidad  lo que les permitió disparar sin tener que recargar. Cuando los atacantes pueden disparar docenas de veces sin tener que recargar, el potencial de una masacre aumenta considerablemente.  La fuerza letal de los rifles estilo militar es evidente: 6 de las mayores matanzas ocurridas en los últimos 10 años fueron cometidas con este tipo de armas. Sin embargo, los cargadores de gran capacidad son más peligrosos que las propias armas. Entre los criminólogos existe el consenso de que el factor crítico que multiplica el número de muertos no necesariamente es el tipo de arma sino la capacidad de los cargadores. 

El criminólogo Christopher S. Koper , quien investigó el impacto de la ley federal de 1994 que limitaba  el uso de armas de asalto y  los cargadores a 10 rondas, publicó el año pasado un documento que demuestra que desde que expiró esta prohibición, en el 2004, los crímenes cometidos con cargadores de gran capacidad han aumentado de manera constante.  1994  fue la última vez que el gobierno federal trató de aprobar leyes que limitaran la propagación  y uso de armas de fuego. Aunque tuvo vigencia sólo por diez años, el hecho de  prohibir la producción, venta y posesión de algunos tipos de armas de asalto tipo militar, incluso la AR15, ayudó a reducir  el número de tiroteos. Tras su expiración, en el 2004, hubo varios intentos para revivirla. 

El ex presidente Barack Obama trató, sin éxito,  de renovar la prohibición en el 2013 luego de la masacre de 26 personas en la escuela primaria Sandy Hook, en Connecticut. Y mientras  que los esfuerzos para restablecer  la prohibición de 1994 fracasan, muchos se preguntan por qué no seguir el ejemplo de Nueva York. Sus leyes estipulan que armas como los rifles de asalto deben tener cargadores fijos, no removibles y con solo 10 rondas. Sin embargo, dice el NYT, gracias a las tan generosas interpretaciones de la Segunda Enmienda,  soluciones con tanto sentido común  como lo que hace Nueva York podrían ser consideradas como inconstitucionales.

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